Chajá | Comportamiento


El Chajá (Chauna torquata) es una especie de hábitos predominantemente terrestres y diurnos. Aunque posee capacidad para nadar, generalmente prefiere desplazarse caminando, comportamiento que ha llevado a describirlo como un ave terrícola y caminadora (Brady, 2020; Di Giacomo, 2005:230). Su desplazamiento terrestre se caracteriza por movimientos lentos y un andar majestuoso, acompañado de una postura erguida, una actitud vigilante y una apariencia de continuo estado de alerta (de la Peña, 2025:86; Saporiti, 1947:434). Belton (1984:479) señala que los individuos suelen mantener el cuello vertical, rasgo que refuerza esta impresión de vigilancia permanente.

Se observa con mayor frecuencia en parejas, condición que diversos autores consideran característica de su comportamiento habitual (Belton, 1984:479; Contreras et al., 2014:74; Salvador et al., 2017:16). Saporiti (1947:434) destaca incluso una marcada tendencia a la vida en pareja, señalando que los individuos suelen mantener una existencia independiente y monógama. No obstante, fuera de la temporada reproductiva pueden reunirse en grupos de tamaño variable y formar grandes concentraciones. Carboneras (1992:530) menciona que durante este período la especie se vuelve social, alimentándose en bandadas de hasta 100 individuos y descansando en grupos. Asimismo, Belton (1984:479) registró una concentración de 181 ejemplares en unas pocas hectáreas, mientras que Di Giacomo (2005:230) señala agrupaciones dispersas que superan el centenar de individuos durante el otoño o después de intensas lluvias en bañados y grandes esteros. Sick (1997:242) también observó grupos de individuos aparentemente no reproductivos que deambulan pacíficamente en distintas épocas del año. En contraste, Salvador et al. (2017:16) indican que los grupos de más de dos individuos son poco frecuentes, generalmente integrados por cuatro a ocho ejemplares.

La especie frecuenta ambientes abiertos asociados a humedales. Habitualmente se la observa vadeando en marismas poco profundas o descansando en charcas y pantanos de escasa profundidad (Belton, 1984:479; Carboneras, 1992:530; Sick, 1997:242). También utiliza con frecuencia árboles, arbustos y otras estructuras elevadas como sitios de reposo, especialmente para dormir o vigilar el entorno (Belton, 1984:479; de la Peña, 2025:86; Di Giacomo, 2005:230; Sick, 1997:242). Cuando se siente amenazada, suele refugiarse en las copas de los árboles, desde donde emite fuertes vocalizaciones de alarma (Brady, 2020).

El vuelo constituye una de las capacidades más notables de la especie. Aunque el despegue puede parecer dificultoso debido a su tamaño corporal, una vez en el aire demuestra gran habilidad para el planeo (de la Peña, 2025:86; Brady, 2020). Durante el ascenso realiza vigorosos aleteos que producen un ruido característico, alcanzando posteriormente alturas considerables gracias al aprovechamiento de corrientes térmicas (Belton, 1984:479; de la Peña, 2025:86). Gibson (1880:166) describió su vuelo como lento y compuesto por amplios y potentes movimientos alares. Di Giacomo (2005:230) observó que frecuentemente comparte las corrientes térmicas con otras aves de gran porte, como los Jabirúes (Jabiru mycteria), Tuyuyúes (Mycteria americana) y Jotes Cabeza Negra (Coragyps atratus). Sin embargo, Sick (1997:242) señala que durante el vuelo puede maniobrar torpemente, manteniendo las patas parcialmente colgantes.

Finalmente, se ha documentado un caso de depredación sobre la especie: en el estómago de una musurana (Boiruna maculata) colectada en la REB y depositada en la colección de la FML se halló un pichón de Chajá de aproximadamente una semana de vida (Gallardo et al., en prensa), registro citado por Di Giacomo (2005:230).

 

VOCALIZACIONES

Las vocalizaciones del Chajá (Chauna torquata) constituyen uno de los rasgos más distintivos de la especie. Su voz es extremadamente potente, de gran alcance y fácilmente audible a largas distancias; de hecho, se ha señalado que sus llamados, semejantes a los de los gansos, pueden escucharse a más de tres kilómetros (Sick, 1997:242; Belton, 1984:477). Asimismo, las vocalizaciones han sido descritas como fuertes, poco melodiosas y de carácter trompeteante (Brady, 2020). Los individuos emiten llamados intensos cuando son perturbados y pueden vocalizar incluso durante la noche (Belton, 1984:479; Di Giacomo, 2005:230). La singularidad de estos sonidos es tal que, según Saporiti (1947:434), el nombre vulgar de la especie deriva de una onomatopeya inspirada en su característico grito. Este autor también destaca el comportamiento vigilante y desconfiado del Chajá, así como su predisposición a respuestas defensivas o agresivas.

Ambos sexos participan activamente en la emisión de llamados, frecuentemente mediante duetos que pueden producirse tanto cuando las aves se encuentran posadas como durante el vuelo (Belton, 1984:477; de la Peña, 2025:86). Según de la Peña (2025:86), mientras uno de los integrantes de la pareja emite un potente “AHA”, el otro intercala un agudo “Ogik”, produciéndose ambas vocalizaciones de manera casi simultánea. De forma similar, Sick (1997:242) describe un intercambio vocal durante el vuelo en el que el macho emite un suave “ta-há” y la hembra responde con un fuerte “TÜ-HÜ”.

Existen diferencias sexuales apreciables en las vocalizaciones. Belton (1984:477) indica que ambos sexos poseen voces muy fuertes y de gran alcance, aunque el macho presenta un tono más grave, mientras que la hembra emite llamados más agudos. Brady (2020), citando a Sick (1997:242) y Belton (1984:477), señala igualmente que las vocalizaciones de la hembra son más débiles o más agudas que las del macho. Según Belton (1984:477), el macho produce un llamado breve, gutural y muy grave, descrito como “oh-WOOOW” o, en ocasiones, “be-SERK”, mientras que la hembra emite vocalizaciones más agudas, representadas como “a-ta-HAAA” o “ta-HAAA”, con una terminación de carácter nasal.

Durante la emisión de los llamados, los individuos suelen adoptar posturas corporales características. Sick (1997:242) menciona que, al vocalizar, levantan y sacuden la cabeza. Asimismo, durante el período de cortejo se registra una vocalización particular, descrita por de la Peña (2025:86) como un fuerte “Uahrrrraa… Uahrraaa”, emitido tanto en tierra como en vuelo.

Entre las distintas onomatopeyas registradas para la especie figuran “graía-gragrá” y “chlarü” (Sick, 1997:242), además de las formas descritas por Belton (1984:477) y recopiladas por Brady (2020). En conjunto, estas vocalizaciones desempeñan un papel fundamental en la comunicación entre los miembros de la pareja y constituyen una de las características más reconocibles del comportamiento de la especie.

 

ALIMENTACIÓN

La alimentación del Chajá (Chauna torquata) es predominantemente herbívora y se basa principalmente en el consumo de vegetación mediante pastoreo, de manera similar a los patos y gansos (Carboneras, 1992:531; Weller, 1999:77, citado por Brady, 2020). Su dieta está compuesta fundamentalmente por hojas, tallos, semillas, plantas acuáticas, vegetación silvestre y algunos cultivos (Brady, 2020; Salvador et al., 2017:16). La excavación del sustrato para la obtención de alimento es muy poco frecuente (Carboneras, 1992:531), y existen registros de individuos cuya alimentación estuvo constituida exclusivamente por vegetación de marisma (Belton, 1984:479).

Los análisis de contenidos estomacales realizados por Aravena (1928:155) evidenciaron un consumo casi exclusivo de material vegetal, especialmente hojas de especies del género Oxalis (O. corniculat var. purpurascens y O. martiana) y flores de “Mata negra/Yuyo moro” (Conyza bonariensis = Erigeron bonariense), sin hallarse restos de origen animal. De forma concordante, Fiora (1939) menciona el consumo de vegetales, mientras que Salvador et al. (2017:16) registraron hojas y tallos de plantas acuáticas, gramíneas y otras especies propias de ambientes asociados a lagunas y bañados.

Aunque la dieta es esencialmente fitófaga, Zotta (1932:78) encontró en contenidos estomacales restos vegetales con semillas, piedritas y numerosos coleópteros, los cuales probablemente fueron ingeridos de manera accidental durante el pastoreo. En conjunto, la evidencia disponible indica que la especie se alimenta principalmente de vegetación característica de ambientes húmedos, siendo excepcional la presencia de componentes no vegetales en su dieta (Aravena, 1928:155; Zotta, 1932:78; Fiora, 1939; Salvador et al., 2017:16; Brady, 2020).

En relación con el comportamiento alimentario, Belton (1984:479) observó que el 24 de octubre de 1983 cuatro individuos, tras nadar hasta la orilla de una pequeña isla en la marisma de Capivari, realizaron repetidos movimientos de estiramiento de las patas antes de dirigirse hacia terrenos más elevados, aportando información complementaria sobre las actividades asociadas al uso de ambientes de alimentación.

REPRODUCCIÓN

El Chajá establece vínculos de pareja duraderos que pueden mantenerse durante varios años e incluso durante toda la vida (Brady, 2020). Durante el cortejo se observan conductas de acicalamiento mutuo, vocalizaciones en dúo y una exhibición característica en la que los individuos retraen la cabeza hacia atrás hasta tocar la espalda (Stonor, 1939).

La reproducción ocurre principalmente durante la primavera austral, con una mayor frecuencia de posturas entre octubre y noviembre, aunque se han registrado nidos y actividad reproductiva en distintos meses del año (Carboneras, 1992:534; Belton, 1984:478).

La especie nidifica de manera solitaria y territorial (Carboneras, 1992:534; de la Peña, 2025:86). Los nidos se ubican en bañados, lagunas, esteros, represas y otros ambientes palustres, generalmente entre juncales, espadañales o pajonales inundados (Salvador et al., 2017:16; de la Peña, 2025:86). Habitualmente son construidos sobre el suelo, aunque ocasionalmente pueden situarse sobre arbustos (de la Peña, 2025:86). Ambos integrantes de la pareja participan en su construcción (Brady, 2020; Carboneras, 1992:532), elaborando una plataforma de juncos, espadañas, ramas y otra vegetación acuática recolectada principalmente en las inmediaciones, aunque en ocasiones el material puede ser transportado desde mayores distancias (Brady, 2020; Carboneras, 1992:532). Gibson (1880:166) describió el nido como una estructura poco profunda de juncos secos, situada sobre el agua o muy próxima a ella.

La puesta consta generalmente de 3 a 5 huevos, aunque puede variar entre 2 y 7 (Carboneras, 1992:532; Brady, 2020). Los huevos son blancos o blanco-crema, ocasionalmente con manchas tenues, y presentan una cáscara granulada (Stonor, 1939; Gibson, 1880:166; Carboneras, 1992:532). En Córdoba se registraron nidadas de 3 a 5 huevos entre septiembre y enero (Salvador et al., 2017:16).

La incubación es compartida por ambos sexos y se prolonga aproximadamente entre 42 y 46 días (Carboneras, 1992:532, 534; Stonor, 1939). Cuando el nido queda temporalmente desatendido, los adultos pueden cubrir los huevos con material vegetal (Carboneras, 1992:532). El cuidado parental posterior también es ejercido por ambos progenitores, quienes atienden a las crías tras la eclosión (Stonor, 1939).

Los pichones nacen cubiertos por abundante plumón gris amarillento o marrón amarillento, más claro en la región ventral (Stonor, 1939; Carboneras, 1992:532, 534; Gibson, 1880:167). Son nidífugos y abandonan el nido poco después de nacer, permaneciendo siempre próximos a sus padres y siguiéndolos de manera constante (Carboneras, 1992:532; Gibson, 1880:167). Durante las primeras semanas utilizan frecuentemente el agua como refugio entre la vegetación debido a su limitada capacidad de desplazamiento terrestre, aunque son buenos nadadores desde edades tempranas (Carboneras, 1992:532; Stonor, 1939).

Los juveniles empluman entre las 8 y 10 semanas de edad y alcanzan la independencia completa entre las 12 y 14 semanas (Stonor, 1939; Weller, 1967; Carboneras, 1992:532). Sin embargo, Gibson (1880:167) observó que los jóvenes pueden permanecer junto a sus padres aun después de adquirir un plumaje similar al de los adultos y antes de desarrollar plenamente la capacidad de vuelo. En concordancia con ello, Belton (1984:478) observó el 24 de enero de 1979 una pareja acompañada por un pichón de 15 a 20 cm de altura cubierto de plumón pardo amarillento, y capturó el 13 de mayo de 1973 un juvenil de tamaño casi adulto que todavía no podía volar.

En Argentina los registros de nidificación abarcan al menos 11 provincias (Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, Mendoza, Salta, San Luis y Santa Fe), siendo Buenos Aires y Santa Fe las jurisdicciones con mayor cantidad de observaciones documentadas, existiendo registros reproductivos para todos los meses del año (de la Peña, 2025:86). Las posturas registradas oscilan generalmente entre 3 y 5 huevos, aunque existen nidadas de hasta 7 huevos (Weller, 1968; De la Peña, 2013:24).

Registros de nidificación y crías de Chauna torquata en Argentina

Provincia Localidad Registro Referencias
Buenos Aires Buenos Aires (sin localidad precisa) Nido Stenberg (1869:278)
Buenos Aires Provincia de Buenos Aires Posturas en junio y octubre Durnford (1876:162)
Buenos Aires Cabo San Antonio, Partido de la Costa Nidos con huevos; posturas en marzo, mayo, junio y agosto Gibson (1880:166); Gibson (1920)
Buenos Aires Estancia El Espartillar, General Paz Pollito; nido parasitado por Heteronetta atricapilla Holland (1890:427); Holland (1892:206)
Buenos Aires Ajó (Los Yuglases/Los Ingleses) Nido; octubre de 1908 y febrero de 1909 Grant (1911:342)
Buenos Aires Zelaya Nido Pereyra (1923:174)
Buenos Aires Rosas, Estancia El Toro (Las Flores) Nidificación de septiembre a marzo Daguerre (1922:264)
Buenos Aires Cacharí Nido con huevos (14-XI-1919) Smyth (1927:13)
Buenos Aires Estancia Cari Lauquen, General Lavalle Nido Gavio (1944:495)
Buenos Aires Zoológico de Buenos Aires Posturas en abril, junio, septiembre, octubre y diciembre Saporiti (1947:434)
Buenos Aires Zoológico de Buenos Aires 3–6 huevos Haedo Rossi (1970)
Buenos Aires Provincia de Buenos Aires Cuatro nidos observados el 01-X-1953 Zuberbühler (1971)
Buenos Aires Cabo San Antonio, Partido de la Costa 18 nidos; 4–7 huevos Weller (1968)
Buenos Aires Otamendi, Campana Tres nidos; huevos en febrero y pichones en mayo Babarskas et al. (2003:69)
Buenos Aires Parque Plaza Montero, Las Flores Nido entre juncos Tajer et al. (2007:7)
Buenos Aires General Lavalle Nido parasitado por Heteronetta atricapilla Lyon & Eadie (2013)
Buenos Aires Benito Juárez Nido (27-IX-2014) Torres (2014)
Buenos Aires Magdalena Cuatro nidos con huevos (1938–1941) Earnshow en Salvador (2016a)
Buenos Aires General Madariaga Nido con 4 huevos (13-X-2017) Paulos (2017)
Buenos Aires Sin localidad precisa Nido Pagano en Salvador (2016a)
Córdoba Morteros, San Justo Nido con 3 huevos (02-I-1982) De la Peña (2013:24)
Córdoba Laborde, Unión Tres nidos con 4–5 huevos Nores e Yzurieta Salvador (2016a)
Córdoba Departamento San Martín Cinco nidos con 4–5 huevos Salvador y Salvador en De la Peña (2016a)
Córdoba Sin localidad precisa Nido Salvador et al. (2017)
Corrientes Mburucuyá Dos nidos con 1 y 4 huevos De la Peña (2013:24)
Corrientes Esteros del Iberá Nido con 5 huevos (20-VII-2013) Villalba (2013)
Corrientes Concepción del Yaguareté Corá Nido con 5 huevos (08-IX-2017) Oscar (2017)
Entre Ríos Ceibas, Islas del Ibicuy Nido (18-IX-2011) Lamela (2011)
Entre Ríos Gualeguaychú Nido (20-VI-2016) Velázquez (2016)
Formosa Reserva/Estancia El Bagual, Laishi Nidos de mayo-julio y octubre-diciembre; 3–5 huevos; crías de mayo-agosto Di Giacomo (2005:230)
Jujuy Sin localidad precisa Nido Contino en IML, citado por Salvador (2016a)
La Pampa General Pico Nidifica Acevedo et al. (2023)
Mendoza Sin localidad precisa Nidifica Lucero (2020a)
Salta Paso del Toro, Rosario de Lerma Un huevo (30-VII-1943) Pierotti (IML)
Salta Sin localidad precisa Nido Depino et al. en eBird (2015)
San Luis San Felipe, Chacabuco Pareja nidificando en juncal Nellar Ramonella (1993)
Santa Fe Aguará Grande, San Cristóbal Dos nidos con 3 y 5 huevos De la Peña (2013:24)
Santa Fe Marcelino Escalada, San Justo Nido con 5 huevos De la Peña (2013:24)
Santa Fe Llambi Campbell, La Capital Tres nidos con 4–5 huevos De la Peña (2013:24)
Santa Fe Calchaquí, Vera Siete nidos; hasta 7 huevos; registros de pichones De la Peña (2013:24)
Santa Fe Los Amores, General Obligado Cuatro nidos; 1–3 huevos; pareja con 5 pichones De la Peña (2013:24)
Santa Fe Paraje 29 Nido en construcción De la Peña (2013:24)
Santa Fe Elisa, Las Colonias Nido con 3 pichones (25-XI-2012) Merlino en De la Peña (2016a)
Santa Fe Elisa, Las Colonias Ave incubando (15-IX-2017) Merlino (in litt. 2020)
Santa Fe Rincón de Ávila, La Capital Nido con ave incubando De la Peña (inéd. 2017)
Santa Fe Ruta 62, oeste de Cayastá, Garay Nido con adulto incubando (10-II-2020) De la Peña (inéd. 2020)