Yacupoi | Comportamiento


El conocimiento sobre el comportamiento de la especie es limitado. Se ha registrado que los individuos pueden acudir, junto con codornices y palomas, a granos esparcidos en el suelo, aunque muestran marcada reticencia a internarse en espacios abiertos. A pesar de presentar patas relativamente largas, no existen dudas de su carácter predominantemente forestal y arborícola (Delacour & Amadon, 2004:128).
Se desplaza tanto por el suelo como por los árboles y suele observarse en grupos (de la Peña, 2025:270). Registros de campo indican que, en determinadas localidades, era abundante en ambientes de monte, generalmente en agrupaciones de tres a cinco individuos. Se alimenta, entre otros recursos, de frutos de palmeras como el pindó. Si es perturbada, emite vocalizaciones inusuales, descritas como una combinación de gruñidos y bufidos, semejantes a las de algunos mamíferos. Frente a la presencia humana o de perros, tiende a refugiarse en los árboles, donde permanece inmóvil y en silencio como estrategia de ocultamiento (Chébez, 1990:22).

Sedentaria. En un estudio realizado en diversas localidades del estado de São Paulo, en el sureste de Brasil, se documentaron desplazamientos altitudinales diarios, con variaciones verticales de hasta 400 m. En Mata do Pau Furado y en la Serra do Japi, los individuos tendían a pernoctar en las zonas de mayor altitud, descendiendo a áreas inferiores para la alimentación y retornando a las zonas elevadas únicamente al final de la tarde. En esta región del sureste de Brasil, pequeños grupos de la especie ocupan áreas de entre 8 y 11 ha en restinga secundaria y de entre 10 y 17 ha en bosque subtropical secundario (del Hoyo & Motis, 2004). Asimismo, se ha observado que la especie rara vez realiza vuelos superiores a 20 m, siendo estos generalmente de menor distancia (del Hoyo & Motis, 2004).

VOCALIZACIONES

La información disponible sobre el comportamiento vocal de la especie es escasa. En términos generales, emite vocalizaciones ásperas y guturales, en ocasiones más profundas, características del género Penelope. Estas llamadas se asocian principalmente a contextos de alarma, aunque probablemente también ocurren en otras situaciones; pueden presentarse en secuencias de baja intensidad que aumentan progresivamente en volumen, recordando el resoplido de una locomotora de vapor al iniciar su marcha, o bien en series más espaciadas (del Hoyo & Winkler, 2024).
Se ha señalado que las vocalizaciones de alarma pueden resultar inusuales, asemejándose más a sonidos propios de mamíferos (Chebez, 1990:23). Asimismo, se describen emisiones vocales roncas como “hayohh”, “gogo” y otras similares a ladridos, transcritas como “hahaha”, acompañadas de gruñidos y batidos de alas (Sick, 1997:277; Sick, 1993:196).

 

ALIMENTACIÓN

La dieta de la especie es predominantemente frugívora, basada principalmente en frutos maduros, aunque presenta un carácter generalista y oportunista. Se han registrado numerosos ítems alimentarios, incluyendo frutos de diversas especies nativas como Ambay (Cecropia pachystachya), Bicuíba (Virola bicuhyba),  Sapucaia (Lecythis pisonis), Murici (Byrsonima crassifolia), Aricanguinha (Geonoma elegans), (Schinus), Guayaba (Psidium sp.), Pindó (Syagrus romanzoffiana) y Bicuiba (Bicuiba oleifera), así como de especies exóticas como Cafeto (Coffea arabica) y Níspero (Eriobotrya japonica) (de la Peña, 2011:3; Sick, 1970:106; del Hoyo & Motis, 2004; del Hoyo & Kirwan, 2024). También se ha documentado el consumo de frutos de yvyrá pyté pytá (Cabralea canjerana), Guapurú (Plinia trunciflora), Chal-chal o Kokú (Allophylus edulis), Awaí (Pouteria gadneriana), Ibá-hay (Hexaclamis edulis), Iba porei (Eugenia uniflora) y Alecrín (Holocalyx balansae), entre otros (Mikich, 1996; Guix y Ruiz, 1997; Partridge en Chébez, 1990:22; Bodrati, 2006:14; Bodrati & Haene, 2008:17; Bodrati, in litt. 2019). En ciertas regiones, especies como  el Palmito (Euterpe edulis) pueden constituir un componente dominante de la dieta (82% de las muestras fecales), mientras que otras, como el Ombu-ra (Dendropanax cuneatum), adquieren relevancia local (Mikich, 2002:211).

Además de frutos, consume hojas, flores, granos e invertebrados, incluyendo insectos (adultos y larvas), arácnidos, crustáceos y miriápodos (Schubart et al., 1965; del Hoyo & Motis, 2004; de la Peña, 2025:270). La dieta puede variar estacionalmente, incrementándose el consumo de hojas y flores durante la estación seca (Zaca et al., 2006:376/378), y geográficamente, con diferencias en la diversidad de plantas consumidas y en el tamaño y tipo de frutos ingeridos (Mikich, 2002:211; Thel et al., 2015:130; Olmos & Albano, 2012:179).

Las semillas ingeridas suelen ser defecadas intactas y viables, lo que evidencia su importante rol como dispersor de semillas, en concordancia con otros representantes del género Penelope y de la familia Cracidae. Asimismo, ingiere pequeños guijarros y granos de cuarzo para facilitar la digestión (del Hoyo & Motis, 2004).

En cuanto al comportamiento de forrajeo, es principalmente arborícola, alimentándose generalmente entre 5 y 10 m de altura, aunque también desciende al suelo con frecuencia. Puede buscar alimento de manera solitaria, en parejas o en grupos de hasta diez individuos (Zaca et al., 2006:375; del Hoyo & Motis, 2004).

REPRODUCCIÓN

La reproducción de la especie presenta una marcada variación geográfica en su temporalidad. En el norte de Argentina se extiende de octubre a febrero, mientras que en el sureste de Brasil (Paraná) probablemente abarca de agosto a febrero; en São Paulo se han registrado nidos con huevos en octubre, y en Río de Janeiro la presencia de crías en octubre, noviembre, enero y febrero. En el noreste de Brasil (Ceará) se observaron crías bien desarrolladas en junio y nidos con huevos en febrero (Rio Grande do Norte), mientras que en el este de la Amazonía brasileña (Pará) se registraron crías en noviembre; en Paraguay, se hallaron cáscaras de huevo a mediados de septiembre (del Hoyo & Kirwan, 2024; del Hoyo & Motis, 2004; Toledo-Lima et al., 2013:666). En algunas regiones se ha sugerido un sistema reproductivo posiblemente poligínico (Toledo-Lima et al., 2013:668).

El nido consiste en una plataforma de ramitas de aproximadamente 45 cm de diámetro y 19 cm de altura, revestida con hojas y tallos tanto vivos como muertos, situada en árboles; se han registrado ubicaciones desde 0.5 m sobre el suelo, entre hojas de bromelias terrestres (Aechmea aquilega), hasta 2.6 m de altura (Toledo-Lima et al., 2013:666). La puesta consta de tres huevos de color blanco crema sucio, depositados en días alternos; el período de incubación es de aproximadamente 28 días (26–27 días en cautiverio) (Toledo-Lima et al., 2013:666). (Ver fotos de nido en Bodrati & del Castillo, 2008:10)

Los polluelos presentan una coloración dorsal oscura, especialmente en las alas, con barras beige pálido en las cubiertas alares; la cabeza es muy oscura con una ceja más clara, la cara y el pecho son rojizos y las partes inferiores blanquecinas. Al nacer, pesan entre 43 y 47 g, alcanzando alrededor de 200 g al mes, 625 g a los tres meses y 900 g a los seis meses, momento en el cual adquieren un plumaje indistinguible del adulto (Delacour & Amadon, 2004:127).