• Atajacaminos de ala negra | Distribución


    InfoNatura: Animals and Ecosystems of Latin America 2007

    Su distribución es disyunta, en el este y sudeste de Brasil (Distrito Federal y en los Estados de Sao Paulo, Minas Gerais, Paraná y Río Grande do Sul) (Straube, 1991: 308), este de Paraguay y norte de Argentina, siendo rara su presencia y poco conocida su biología, en los tres países (Holmberg, 1939:175; Short, 1975:237; Olrog, 1979:137; Collar et al., 1992:462; Pearman & Abadie, 1995:12; Cleere, 2002:171; Accordi, 2002:227; Bornschein et al., 1996:125; Stotz et al., 1996:317; Lowen et al., 1997:17; Kirwan et al., 1999:202; Mazar Barnett & Pearman, 2001:48; Bodrati et al., 2019:157; de la Peña, 2020:231).
    La inclusión repetida de Uruguay dentro de su distribución (Pinto, 1938:180; Olrog, 1979:137; Sick, 1997:421; Collar & Andrew, 1988:85) constituye probablemente un error en vista de que no existen registros documentados de su presencia en el país y permanece sin ser listado en las publicaciones recientes de avifauna nacional (Cuello & Gerzenstein, 1962; Gore & Gepp, 1979; Cuello, 1985:13); no obstante, el registro proveniente de Colón, que se ubica inmediatamente al otro lado del río Uruguay, en Argentina, indica la probabilidad de que la especie se halle presente en el país (Birdlife International, 1992:569)
    En general se lo considera residente, pero Pearman & Abadie (1995:14) y Mazar Barnett & Pearman (2001:48) sugieren que en gran parte, sino enteramente, es migrante austral en Argentina, partiendo luego del periodo reproductivo, ya que todos los registros confirmados de Argentina eran del verano austral (octubre a febrero), mientras que los de Brasil eran a lo largo del año.
    Contreras et al. (2014:318) concluyen en que es posible que la especie sea migrante, pero, en ese caso corresponde formular la pregunta: ¿Hacia dónde se dirige para realizar su residencia invernal? La cuestión queda abierta para futuras investigaciones al respecto.
    Habita desde tierras bajas hasta los 1.100 msnm (Stotz et al. 1996:174).
    Poco se conoce sobre la densidad de sus poblaciones y biología en general, y ha sido considerado como amenazado tanto a nivel nacional como internacional (Collar et al. 1992:463; BirdLife International 2022; MAyDS y AA 2017)

    Distribución geográfica en Argentina
    En Argentina el Eleothreptus anomalus (Gould, 1838) en Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Formosa, Chaco, Córdoba, Santa Fe, norte de Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes y Misiones (Short, 1975:237; Olrog, 1979:137; de la Peña, 1999:92; Contreras et al., 2014:318; de la Peña, 2015:335; de la Peña, 2020:231-232).
    Un registro proveniente de Catamarca parece constituir un probable error y la inclusión de Salta en el mapa en Narosky e Yzurieta (2010:193) podría también tratarse de una equivocación (Collar, 1992:462; Cleere, 1998:296; Birdlife International, Categorías de amenaza, 1992:568). (Ver localidades, coordenadas y referencias en los enlaces)

    HÁBITAT
    Se ha considerado al E. anomalus habitante de marismas o áreas cercanas al agua (Bornschein et al. 1996:125; Lowen et al. 1997:14; Accordi, 2001:227; Contreras et al., 2014:316; Straneck & Viñas, 1994; Cleere, 1998:295; de la Peña, 2020:231; Stotz et al., 1996:174).
    Pero otros autores, lo han observado en hábitats tales como mesetas áridas, bosque en galería, bosque de transición, monte y pajonales, y baśandose en una revisión de datos publicados y otros registros aún sin publicar de Argentina y Brasil, concluyen que éste hábitat sería el más representativo, siendo falsa la asociación de la especie solo con las marismas (Pearman & Abadie, 1995:13; Kirwan et al. 1999:205; Young, 2015)
    Accordi (2002:229) junto con Cleere (1998:295) y Kirwan (1999:205), coinciden en que el E. anomalus es dúctil en la selección de su hábitat
    Desde los 0-1.100 msnm (Stotz et al., 1996:174).
    Ecorregiones: Chaco húmedo, Delta e islas del Paraná, Espinal, Esteros del Iberá, Selva Paranaense.

  • Atajacaminos de ala negra | Comportamiento


    De hábitos crepusculares y nocturnos (Cleere, 2002:171). Captura los insectos despegando desde el suelo (Kirwan et al. 1999:203), o tal vez, volando bajo de forma continua sobre áreas abiertas. Probablemente solitario (Cleere, 1998:295).
    A menudo se lo encuentra por la noche posado sobre caminos y senderos, o sobre ramas bajas, matorrales, o alambrados. Descansa sobre el suelo o pequeñas depresiones del terreno o entre las matas (Cleere, 1998:295; Cleere, 2002:171).
    Toma vuelo con aleteos rápidos, pero rápidamente lo revierte a aleteo lento, que a menudo impresiona cómo de ave herida, o aleteos y deslizamientos suaves cerca del suelo (Cleere, 1998:295; Pereyra, 1939:235-236; Pearman & Abadie, 1995:12; Kirwan et al. 1999:203; Accordi, 2002:227; Straneck & Viñas, 1994). Pareciera que las arenas de despliegue de E. anomalus son utilizadas tradicionalmente año tras año (Fariña et al., 2018:126).
    El vuelo del macho durante el cortejo de ha descrito como vuelo lento, planeando a corta distancia del suelo (0.8-1.2 m), y ocasionalmente acompañado de sonidos sordos «tuk tuk tuk» (Cleere, 1998:295)
    Sedentario y parcialmente migratorio, las poblaciones del sur se mueven hacia el norte para evitar los inviernos australes (Abril-Agosto) (Cleere, 1998:295). En general se lo considera residente, pero Pearman & Abadie (1995:14) y Mazar Barnett & Pearman (2001:48) sugieren que en gran parte, sino enteramente, en Argentina es migrante austral, partiendo luego del periodo reproductivo, ya que todos los registros confirmados de Argentina eran del verano austral (octubre a febrero), mientras que los de Brasil eran a lo largo del año.
    Contreras et al. (2014:318) concluyen en que es posible que la especie sea migrante, pero en ese caso, corresponde formular la pregunta: ¿Hacia dónde se dirige para realizar su residencia invernal? La cuestión queda abierta para futuras investigaciones al respecto.
    Habita desde tierras bajas hasta los 1.100 msnm (Stotz et al., 1996:174).
    Poco se conoce sobre la densidad de sus poblaciones y biología en general, y ha sido considerado como amenazado tanto a nivel nacional como internacional (Collar et al. 1992:463; BirdLife International 2022; MAyDS y AA 2017)

    VOCALIZACIONES

    Pearman & Abadie, (1995:13) comentan que la canción del E. anomalus sigue siendo desconocida. Por otra parte, Straneck & Viñas (1994) describen su canto (llamada?) como una serie de suaves “chip, tchup, or tchut” repetidos a una velocidad de 8 notas /seg, durante unos 2-3 minutos.
    Sin embargo otros autores no han registrado esta vocalización. Kirwan et al. (1999:203) lo describen como “el chirrido de un grillo”, que Accordi (2002:27) interpretó como el canto.
    Cleere (1998:295) lo describe como un suave y único “tick” y Fariña et al. (2018:120) describen las llamadas de contacto como series repetidas de «tik» o «tzk» que se oyen solo a corta distancia. Esta vocalización es emitida comúnmente por individuos posados en el suelo, sobre vegetación baja y eventualmente en vuelo.
    Las llamadas en vuelo incluyen un duro y nasal “gzee gzee” (Straneck & Viñas), que tampoco han sido registrados por otros autores. Solo se ha notificado un “tik” emitido por una hembra en vuelo (Kirwan et al., 1999:203).
    Al crepúsculo, los machos hacen los primeros vuelos, realizando una vocalización fuerte que estaría ligada a vuelos de exhibición aérea sobre las arenas de despliegue. Straneck & Viñas (1994) interpretaron esta voz como un sonido mecánico emitido por el aleteo del macho y la llamaron “vuelo de proclamación territorial.” Por otro lado, Accordi (2002:229) se refiere a una vocalización emitida tanto en vuelo como posado. Fariña et al. (2018:120-121) no percibieron movimientos de alas que pudieran generarlo, ya que en ocasiones el sonido es emitido mientras el ave planea, por lo cual concuerdan con Accordi (2002:227) en interpretar este sonido como una vocalización. Durante su trabajo no registraron el sonido descrito como series de «chip chip chip chip» que Straneck & Viñas (1994) consideraron como posibles voces de la especie.

    Sonidos mecánicos: Los sonidos mecánicos emitidos son elaborados por el golpeteo y el vibrar de alas del macho adulto. Los autores Fariña et al., (2018:121) grabaron cuatro sonidos mecánicos: el primero y el segundo son hechos por un movimiento de las alas que al cerrarlas contra el cuerpo produce un golpe seco poco audible que suena como un «tuk» o «trk». Estos sonidos son emitidos al aterrizar un macho sobre el suelo luego de realizar un despliegue aéreo o al saltar y aterrizar sobre el mismo sitio. En noches silenciosas y con condiciones ambientales favorables (por ej. sin viento) pueden oírse hasta los 60 m. El tercer y cuarto de los sonidos mecánicos son de menor frecuencia (1 o 2 kHz) y son poco audibles, generados por el batir vibrante de las alas al posarse, y descriptibles como «brrrt» o «rrrrtk» (Fariña et al., 2018:121)
    Accordi (2002:229) concluye que en ningún momento oyó el suave “chip, tchup” o “tchut” repetido a 8 notas/seg durante 3 minutos descrito por Straneck & Viñas (1994) y por Cleere (1998:295); tampoco los sonidos mecánicos originados por el movimiento de las alas, ni la vocalización nasal “gzeee gzeee” emitida por las hembras descritas por Straneck & Viñas (1994).

    ALIMENTACIÓN

    Insectívoro. Su dieta no se conoce en detalle. Pereyra (1939:236) informa la presencia de pequeños coleópteros, lepidópteros y hormigas en el análisis del contenido gástrico. Se alimenta en bordes de áreas abiertas y pastizales (Cleere, 1998:295).

    REPRODUCCIÓN

    Existe muy poca información sobre la biología reproductiva del E. anomalus (Young, 2015).
    Existen registros de huevos y polluelos jóvenes, en noviembre en Brasil, y juveniles recién emplumados a partir de diciembre; especímenes con gónadas aumentadas de tamaño desde agosto-octubre (Collar et al. 1992:465).
    Cleere (1998:295) reporta para el sureste de Brasil los meses de agosto en Paraná, octubre en Minas Gerais, noviembre a principios de enero en el estado de Sao Paulo y septiembre-diciembre? en Argentina.
    No construye nido y deposita los huevos directamente sobre el suelo.
    Puesta de 2 huevos, elípticos de color acanelado-rosado o canela pálido, cubierto con pintas y manchas pardo-rojizas y grises en toda la superficie (Cleere, 1998:295; de la Peña, 2015:335 ; de la Peña, 2020:231).
    Bodrati et al. (2019:159) comentan que Accordi (2008) presenta la única descripción de un sitio de nidificación de E. anomalus, en Capão Novo en Rio Grande do Sul, Brasil. Era un área arenosa recubierta irregularmente por matas de vegetación herbácea. La nidada consistía en dos huevos puestos sin ninguna preparación sobre la arena junto a una mata de 40 cm de altura. En derredor aparecía un área desprovista de vegetación, formando un círculo de 30 cm de diámetro en torno a los huevos.
    Los pichones de E. anomalus no han sido descritos hasta la actualidad (Cleere,1998:295).
    Krauczuk (2013) presenta, sin detalles, una fotografía de L. Krause (in litt. 2019) de un pichón, aparentemente no volador, que ofrece dudas.
    En Argentina se localizaron nidos en Santa Fe (Hartert & Venturi, 1909:225), Santiago del Estero (Pereyra, 1950:228) y Corrientes (Bodrati et al, 2019:158; de la Peña, 2020:231).

  • Atajacaminos de ala negra | Descripción


    Descripción según: Cleere, (1998:295); Cleere, (2002:170-171); Pereyra, (1939:235); de la Peña, (2015:335); de la Peña, (2020:230).
    Relativamente pequeño, con patrón de plumaje críptico dominado por los grises y marrones. Dimorfismo sexual.
    Macho: Cabeza relativamente grande, con frente, corona y nuca gris parduzco; las plumas centrales abiertamente moteadas de negruzco amarronado con bordes ocráceos.
    Pico corto pardo oscuro o negruzco y boca amplia
    Raya superciliar blanquecina barrada de marrón. Iris marrón oscuro.
    Línea debajo del bigote grisácea, teñida de canela, barrada de marrón y veteado beige. Barba beige-blanquecina, barrada de marrón. Garganta marrón, teñida de canela y veteada con beige.
    Parte inferior de la garganta y superior del pecho marrón, moteado de canela y veteado de beige.
    Ocasionalmente collar ocre en la nuca.
    Dorso grisáceo-castaño claro moteado, apenas moteadas de marrón oscuro.
    Escapulares gris parduzco pálido, con centros gris parduzco, con amplias bases y puntas finas.
    Las remeras primarias curvadas ligeramente hacia arriba. La remera primaria más interna (R1) es la más corta, pero las adyacentes (R2-R4) son más largas.
    Las primarias son basalmente beige y la mitad externa marrón. Las primarias más externas (R10-R6) con puntas amplias de color blanco; el blanco es más extenso sobre los vexilos externos.
    Secundarias canela, manchadas de marrón claro y con puntas blanquecinas.
    Terciarias gris parduzco claro, moteadas de gris oscuro amarronado.
    Rabadilla y cubiertas supracaudales gris parduzco pálido, ligeramente moteadas de marrón oscuro y finamente barradas de marrón.
    Vientre y flancos beige claro, barrados de marrón.
    Cola corta, parda ocrácea barrada de negruzco. Timoneras marrones, con barras canela; el par central (T1) gris parduzco pálido, manchadas y finamente barradas de marrón. Las timoneras externas (T2-T4) con relativamente anchas puntas blanquecinas o blancas. Subcaudales beige pálido.
    Tarsos cortos. Patas y dedos parduzcos.ç
    Hembra: Más marrón que el macho, no posee la forma modificada de las remeras primarias. Primarias barradas de marrón y ocre-rojizo claro y con puntas beige blanquecinas. La primaria más larga es la próxima a la más externa (R9). Las remeras secundarias son de largo normal con puntas blanquecinas estrechas.
    Zona ventral marrón.
    Timoneras con puntas estrechas beige, manchadas de marrón.

    Fotos

  • Atajacaminos de ala negra | Taxonomía


    Descrito por Gould en 1837 como Amblypterus anomalus menciona que, la única información que puede aportar sobre este especimen (que describe como “realmente anómalo”) es que es el único que forma parte de la colección del Museo Británico y que “Mr Grey adquirió el ejemplar de una colección de pieles en Liverpool, y que le habían dicho que era de la localidad de Demerara”. Pinto (1978:180) comunica que la localidad es errónea y propone “al este de Sao Paulo, Brasil».
    Más tarde Gray (1840:48) propone cambiar al género Eleothreptus. Hasta hace poco tiempo se consideró como monotípico (Peters, 1940:220; Dickinson, 2003:245) hasta que, los recientes resultados de los análisis filogenéticos de las secuencias de ADN (de genes mitocondriales y del núcleo), revelaron que el “Caprimulgus candidus” es hermano del “E. anomalus” (Larsen et al., 2007:793-794; Han et al., 2010:448; Sigurdsson & Cracraft, 2014:527) y que ahora se ha clasificado en el género Eleothreptus (Dickinson y Remsen, 2013). (Young, 2015).

  • Atajacaminos de ala negra (Eleothreptus anomalus)


    © Gould J. Icones avium, or, Figures and descriptions of new and interesting species of birds from various parts of the globe(1837-1838). Ilustración XI (Amblypterus anomalus)

    NOMBRES COMUNES: Atajacaminos Ala Negra, Atajacaminos alas negras, Atajacaminos de los pantanos (Argentina); Atajacaminos de pantano (Paraguay); Curiango, curiango-asa-de-foice, Curiango-do-banhado, curiangu (Brasil);  Otros: Atajacaminos pantanero, Dormilón de los pantanos, Dormiloncito, Tapita, Zoncito (Pereyra, 1939:235; Chebez, 1996:135; de la Peña, 2015:335; de la Peña, 2020:230); en guaraní: Ybyya’u tuju

    EN OTROS IDIOMAS

    BREVES APUNTES HISTÓRICOS

  • Atajacaminos coludo | Bibliografía


    1. Anjos, L., K. L. Schuchmann & R. Berndt (1997). Avifaunal composition, species richness, and status in the Tibagi River Basin, Paraná state, southern Brazil. Ornitología Neotropical 8(2):145–173. (enlace)
    2. Arévalos F. & Manfredini F. (2014). El Atajacaminos Coludo (Macropsalis forcipata) será una especie más en Paraguay próximamente? Urutaú electrónico; Año 12: Nº 5 (enlace)
    3. ArgentAvis (s.f.) Ficha de la especie: Atajacaminos coludo (Macropsalis forcipata); recuperado el 19/11/2022 de http://argentavis.com.ar/2012/sitio/especie_id.php?id=686
    4. Belton, W. (1984). Birds of Rio Grande do Sul, Brazil. Part 1. Rheidae through Furnariidae. Bulletin of the American Museum of Natural History 178(4): 369–636. (enlace)
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    9. Bodrati, A. & Cockle, K. (2005d). Parque Provincial Cruce Caballero. Pp. 313-315. In A. S. Di Giacomo (eds.), Áreas importantes para la conservación de las aves en Argentina. Sitios prioritarios para la conservación de la biodiversidad. Temas de Naturaleza y Conservación 5. Aves Argentinas/Asociación Ornitológica del Plata, Buenos Aires. (enlace)
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    38. Planqué, R., Vellinga, W. P., Pieterse, S., Jongsma J. & de By, R. (Xeno-canto Foundation). Ficha de la especie: Macropsalis forcipata (Nitzsch, 1840); recuperado el 17/11/2022 de https://xeno-canto.org/species/Macropsalis-forcipata
    39. S.A.A.C. (2010). Propuesta de South American Classification Committee (266); recuperada el 17/11/2022 de https://www.museum.lsu.edu/~Remsen/SACCprop266.htm
    40. Scherer-Neto, P. & Costa-Straube, F. (1995). Aves do Paraná (Historia, Lista anotada e Bibliografía). Ed. dos autores. 79 pp. Brasil (enlace)
    41. Sick, H. (1997). Ornitologia Brasileira. Editora Nova Fronteira, Rio de Janeiro, Brazil.
    42. Sistema de Información de Biodiversidad (S.I.B.). Administración de Parque Nacionales, Argentina. Fichas especie: Macropsalis forcipata. Recuperado el 19/11/2022 de  https://sib.gob.ar/especies/macropsalis-forcipata
    43. Stotz, D. F., J. W. Fitzpatrick, T. A. Parker & D. K. Moskovits (1996). Neotropical Birds: Ecology and Conservation. University of Chicago Press, Chicago, IL, USA, and London, UK.
  • Atajacaminos coludo | Conservación


    ESTADO DE CONSERVACIÓN SEGÚN BIRDLIFE INTERNACIONAL: PREOCUPACIÓN MENOR

    Esta especie tiene un rango de distribución extremadamente grande y por lo tanto no se aproxima a los umbrales de Vulnerabilidad bajo criterio de tamaño de la extensión de la población (Extensión < 20.000 km² combinado con una declinación o fluctuación del tamaño de la extensión, extensión/calidad del hábitat, o tamaño de la población y un pequeño número de localizaciones o con fragmentación grave). A pesar que la población parece estar disminuyendo, esta declinación no se cree que sea lo suficientemente rápida como para alcanzar los umbrales de Vulnerabilidad bajo el criterio de tendencia poblacional (disminución > 30% en diez años o en tres generaciones). El tamaño de la población no ha sido cuantificada, pero no se cree que alcance los umbrales de Vulnerabilidad bajo el criterio de tamaño de la población (<10.000 individuos maduros con una disminución continua estimada > del 10% en diez años o en tres generaciones o con una estructura de población específica). Por estas razones, la especie es evaluada como “preocupación menor”
    El tamaño global de la población no ha sido cuantificada, pero esta especie se describe como “poco común” irregularmente distribuida (Stotz, 1996:174)
    Se sospecha que la población está en declive debido a la degradación y destrucción del hábitat (Birdlife International, 2022)
    Collar & Andrew (1988:85) lo consideran, raro en Rio Grande do Sul (Belton, 1984:563) y parece localmente seguro en Sao Paulo, aunque la población total aparentemente es pequeña (Sick, 1997:420).
    Fergusson-Lees & Faull (1992:51) lo catalogan como especie en peligro.

    EFECTOS DE LA ACTIVIDAD HUMANA EN LAS POBLACIONES
    Esta especie es cazada por diversión y para conservar las timoneras de los machos. También por creencias que infunden temor (ave de mal augurio o que atrae desgracias). Otra amenaza son los vehículos a alta velocidad en los caminos.

    En ARGENTINA
    Los autores Arévalos & Manfredini (2014:10) comentan que: Se supone que el atajacaminos coludo ha aumentado sus poblaciones en Argentina por el manejo y pérdida de la selva que generó una combinación de capueras, claros y remanentes de selva. Con base en la evidencia histórica y las densidades actuales de la población se considera que la especie habría ingresado desde Brasil por el este de Misiones en los departamentos serranos de Guaraní, San Pedro y quizás General Belgrano, para luego avanzar hacia el sur, oeste y norte de la provincia.

    (S.I.B.)
    No Amenazada (NA): según AA y SAyDS, 2008 (Aves Argentinas y Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable). López-Lanús, B., P. Grilli, E. Coconier, A. Di Giacomo y R. Banchs. Categorización de las aves de la Argentina según su estado de conservación. Informe de Aves Argentinas /AOP y Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable. Buenos Aires, Argentina. 1 ed. AOP: Buenos Aires, Argentina
    No Amenazada (NA): según MADS y AA, 2017 (Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y Aves Argentinas). Categorización de las Aves de la Argentina según su estado de conservación. Informe del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y de Aves Argentinas. 146 p. 2017
    No Amenazada (NA): según SAyDS, 2010 (Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable). Categorización de aves autóctonas de Argentina. Lista de aves no registradas, endémicas y exóticas de Argentina (Res 348). 2010
    Preocupación Menor (LC): según UICN (API) (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza). Lista Roja de la UICN publicada en https://www.iucnredlist.org. Actualización en tiempo real.

  • Atajacaminos coludo | Distribución


    InfoNatura: Animals and Ecosystems of Latin America 2007

    Originario de América.
    Endémico de la Selva atlántica se distribuye por una área restringida al sureste de Brasil (Pinto de Oliveira, 1978:180; Belton, 1984:563), este de Paraguay y noreste de Argentina (de la Peña, 2020:245; Collar & Andrew, 1988:85; Sick, 1979:420; Mazar Barnett & Pearman, 2001:48; Narosky e Yzurieta, 2010:195; Bodrati & Cockle, 2012:46; Chatellenaz et al, 2012:69; Stotz et al., 1996:317)
    En el Sudeste de Brasil se distribuye desde sureste de Minas Gerais y Espírito Santo hasta São Paulo, Rio de Janeiro y Paraná (Anjos et al., 1997:166; Moraes & Krul, 1995:79; Belton, 1984:563; Scherer-Neto & Costa-Straube, 1995:35), Santa Catarina y Rio Grande do Sul; también en Noreste de Argentina y recientemente registrado en el sur de Paraguay (Hostettler & Smith, 2014:411).
    En la mayor parte de su distribución sus densidades poblacionales parecen ser bajas, aunque sería localmente más común en el sur y sudeste de Brasil.

    En Argentina: Macropsalis forcipata (Nitzsch, 1840) registrado en las provincias de Misiones y Corrientes (de la Peña, 2015:335; de la Peña, 2020:245) (abrir enlaces para ver coordenadas y citas bibliográficas)

    HÁBITAT
    Se lo encuentra principalmente en selvas abiertas, bosques de 2º crecimiento, borde y claros de bosque (Collar & Andrew, 1988:85), capueras, potreros, campos de cultivos bajos y zonas suburbanas, quizás especialmente cerca del agua (Cleere, 1998:293); en regiones onduladas y serranas de las zonas más al norte de su distribución. Con frecuencia se pueden observar ejemplares posados en el piso de caminos de tierra en mal estado, poco transitados o que pueden ser transitados a baja velocidad (de la Peña, 2015:335; Sick, 1997:420). En Paraná, Brasil, también habitaría zonas secas y arenosas, playas con vegetación y ambientes salinos (Cleere, 1998:293). En el estado de Santa Catarina es una especie muy frecuente en hábitat muy degradado, incluso en bordes de plantaciones de árboles exóticos (Bodrati & Cockle, 2012:47-49; Arévalos & Manfredini, 2014:10).
    Registrado desde tierras bajas hasta 1800 msnm (Collar & Andrew, 1988:85; Stotz et al., 1996:174; Cleere, 1998:293).

    Ecorregiones: Selva Paranaense (Parker & Goerck, 1997:534; Stotz et al., 1996:174; Mazar Barnett & Pearman, 2001:48).

  • Atajacaminos coludo | Comportamiento


    De hábitos crepusculares y nocturnos. Vuela a baja altura. Se mueve en estrato medio (Stotz et al., 1996:174). Se posa en el suelo y las ramas de los árboles. En ambiente frío, lluvioso, pueden volverse letárgicos o en semi-letargo. Presuntamente sedentario (de la Peña, 2015:335; de la Peña, 2020:244: Cleere, 1998:293).
    Posados en caminos de tierra, en los mismos puntos, en noches repetidas a lo largo de semanas. Hembras más crípticas y solo eventualmente se posan en los caminos. Se observa con mayor frecuencia cuando hay luz de la luna (Bodrati & Cockle, 2012:48).

    VOCALIZACIONES

    Las llamadas son emitidas por ambos sexos y consisten en un rápido y repetitivo “tsip, tsip, tsip, tsip” (Cleere & de Juana, 2020), a menudo acompañan los vuelos de cortejo (Cleere, 1998:293).
    En Argentina los autores Bodrati & Cockle (2012:48) comentan, que los individuos de M. forcipata vocalizan poco y solo han escuchado vocalizaciones entre septiembre y noviembre, que sería el pico de la etapa reproductiva. En esa época, al atardecer, cuando aún hay luz natural, el macho sale de su dormidero y hace vuelos con la cola ‘colgando’ entre 2 y 3 m de altura, produciendo frecuentemente vocalizaciones de bajo volumen “pt-sssssii”.

    ALIMENTACIÓN

    La dieta de esta especie ha sido poco estudiada, pero probablemente se alimente de insectos. Aparentemente los capturan de las hojas de los árboles, también en el aire, al ser atraídos por las luces artificiales, con vuelos bajos casi lineales, o vuelos erráticos (Bodrati & Cockle, 2012:49); se los ha registrado alimentándose sobre el suelo (Cleere, 1998:293; Cleere & de Juana, 2020)

    REPRODUCCIÓN

    En Brasil, probablemente, se reproduce entre octubre?- noviembre y enero en el sur (Cleere, 1998:293 ; Cleere & de Juana, 2020), agosto-noviembre en estado de Paraná (Pichorim, 2002:149); en noreste de Argentina se ha registrado un probable cortejo a finales de septiembre (Cleere & de Juana, 2020) y en Misiones se capturó un volantón en el mes de noviembre (de la Peña, 2020:245).
    Pichorim (2002:153) propone, que el período reproductivo y la postura de huevos están sincronizados con las fases de la luna, e incluso los despliegues de cortejo nupcial se realizan básicamente por estímulos visuales, y por esto requieren de noches claras.
    Nido ubicado a la sombra de la vegetación; no construye nido, deposita los huevos directamente en el suelo o sobre un lecho de hojas. Se han encontrado próximos algunos sitios de nidificación, lo que revelaría una aparente tendencia de la especie en concentrar sus nidos (Pichorim, 2002:160).
    Olmos & Rodrigues (1990:203-204) describen el cortejo: Al anochecer el macho llega volando desde la arboleda y se posa en el camino. De vez en cuando, vuela hacia los árboles, a unos 100 m de distancia, y aparentemente caza insectos al vuelo. Después de cada vuelo se posa en el mismo sitio del camino.
    A los pocos minutos la hembra vuela fuera del bosque y comienza a rondar al macho posado, a unos 80 cm sobre el suelo. El macho inmediatamente eleva su cola de la posición horizontal a la de ángulo recto formando una llamativa V blanca y haciendo visible la garganta blanca. En un momento la hembra alza vuelo seguida por el macho. En seguida, el macho vuelve a posarse, solo. Dos minutos más tarde la hembra vuelve a acercarse, posándose frente al macho, el cual nuevamente alza la cola y exhibe la garganta blanca unos segundos. Entonces comienza a rondar a la hembra. La cola vuelve a ponerse en posición vertical, y se produce la cópula mientras mueve las alas como si temblara. Luego de unos segundos se alejan volando.
    Huevos elípticos, de superficie opaca, beige con manchas pardo-rojizas y ceniza distribuidas uniformemente por toda la superficie. Puesta entre 2 y 7 huevos en días consecutivos (Pichorim, 2002:151; de la Peña, 2015:335)
    Incubación de 18-20 días. Se observó sólo a las hembras incubando, mientras los machos permanecen en las proximidades durante la incubación.
    La hembra, si ve amenazado el nido, realiza maniobras de distracción (Pichorim, 2002:152; Moraes & Krul, 1995:80; Cleere, 1998:293)
    Polluelos cubiertos de plumón grisáceo, con estrías beige-castañas y negras.
    Cuidados parentales sólo por la hembra.

  • Atajacaminos coludo | Descripción


    © Hector Bottai. Atajacaminos coludo (macho) en Tremembé – SP – Brasil. Agosto 2013. Algunos derechos reservados

    © Hector Bottai. Atajacaminos coludo (hembra) en Tremembé – SP – Brasil. Agosto 2013. Algunos derechos reservados

    Dimorfismo sexual.
    Descripción según Cleere (1998:294), frente, corona y nuca marrón densamente moteada de castaño-grisáceo, beige, castaño-rojizo y canela. Plumas centrales estriadas y punteadas de marrón-ceniciento. Amplio collar castaño-rojizo o con algo de beige alrededor de la nuca.
    Manto, espalda, lomo y rabadilla marrón oscuro, punteado o barrado de castaño-rojizo, beige o canela.
    Cubiertas supracudales marrones barradas de gris-castaño, castaño-rojizo, beige o canela.
    Cubiertas alares menores marrones, punteadas o barradas de castaño-rojizo. Resto de las cubiertas alares marrones, barradas o moteadas de castaño-rojizo y beige.
    Escapulares marrón-ceniciento, moteadas de castaño-rojizo, canela o beige, bordeadas de beige sobre los vexilos externos.
    Remeras primarias marrones, R9-R1 moteadas de beige o castaño-rojizo pálido sobre los vexilos externos, barradas de beige o castaño rojizo pálido a lo largo de los vexilos internos.
    Remeras secundarias marrones con puntas beige o castaño-rojizo pálido, barradas de castaño-rojizo en ambos vexilos.
    Remeras terciarias marrones moteadas de beige, castaño-rojizo paĺido y gris claro.
    Cola marrón, con todas las plumas con punta puntiaguda. Las timoneras T5 extremadamente elongadas, con amplio vexilo interno bordeado de parduzco o blanquecino, que se estrecha hacia la punta, y vexilo externo estrecho barrado de castaño-rojizo o beige en la parte proximal.
    El macho tiene elongadas las plumas externas de la cola, ampliamente bordeadas de castaño-blanquecino o blanquecino sobre los vexilos internos. Las plumas externas siguientes, también con amplios bordes castaños-blanquecinos o blanquecinos sobre los vexilos internos; los 3 pares interiores son enteramente grisáceas o castaño-cenicientas sobre los vexilos internos. Timoneras: T4 similar a T5 pero 300-400 mm más corta; T3: 100 mm más corta que T4; T2: 30-40 mm más corta que T3, y el par central T1: 20 mm más corta que T2.
    Loral y auriculares marrones moteadas de castaño-rojizo. Barba beige, garganta marrón, barrada de castaño-rojizo, beige y blanquecino.
    Pecho marrón barrado de castaño-rojizo, beige y beige pálido.
    Vientre, flancos, subcaudales y tapadas beige barradas de marrón.
    Pico negruzco. Patas y dedos pardos. Iris pardo (de la Peña, 2015:334; de la Peña, 2020:244; Narosky e Yzurieta, 2010:195)
    Hembra: Similar al macho pero sin elongación en timoneras externas, ni blanco en la cola. Cola marrón, barrada de castaño-rojizo y moteada de pardo-grisáceo.

    * (Cleere, 1998:294)
    ** (de la Peña, 2015:334; de la Peña, 2020:244)