• Sirirí colorado | Comportamiento


    El Sirirí colorado es una especie predominantemente sedentaria, aunque puede realizar desplazamientos estacionales relacionados con la disponibilidad de agua y alimento. En Estados Unidos, las poblaciones de las regiones septentrionales de su distribución son migratorias, mientras que en Florida una proporción importante de la población reproductora puede ser residente. Fuera de esta región, los movimientos parecen ser principalmente locales (Antas et al., 1996:514; Hohman & Lee, 2020).

    Aunque es menos terrestre que Dendrocygna autumnalis y D. viduata, presenta una locomoción terrestre eficiente, con capacidad para caminar, correr y saltar, incluso en ambientes de vegetación densa de 1–1,5 m de altura. A diferencia de otras especies del género que utilizan cavidades para nidificar, el D. bicolor no suele posarse en estructuras elevadas (Rylander & Bolen, 1974:81). Su vuelo se caracteriza por un batido de alas lento y una apariencia relativamente pesada; las bandadas suelen desplazarse a baja altura y muestran una organización menos definida que la observada en otros grupos de aves acuáticas. No obstante, los individuos pueden despegar rápidamente desde tierra o aguas bajas y realizan aterrizajes con el cuello y la cabeza extendidos hacia abajo y las patas proyectadas hacia delante. Durante la reproducción son frecuentes los vuelos de persecución de tres o más individuos, aparentemente integrados por una hembra y varios machos (Rylander & Bolen, 1974:81).

    Posee además una marcada capacidad de buceo. Tanto adultos como juveniles han sido descritos como excelentes buceadores, aunque todavía existe información limitada acerca de la frecuencia, duración y profundidad de las inmersiones (Rylander & Bolen, 1974:81). Entre las conductas de mantenimiento se incluyen el baño, el acicalamiento del plumaje, el rascado de la cabeza, el estiramiento. Durante el descanso, puede mantener el pico bajo las plumas escapulares o dirigido hacia delante, apoyándolo sobre el pecho. En ambientes agrícolas suele descansar fuera del agua o en sectores de escasa profundidad (Hohman & Lee, 2020).

    Su actividad comprende tanto el periodo diurno como el nocturno, aunque la observación resulta dificultosa debido a su asociación con vegetación acuática densa. En Assam, noreste de la India, los estudios sobre presupuesto de actividad mostraron que la proporción del tiempo diurno destinada a la alimentación osciló entre el 8 y el 21 % (Das et al., 2011:2265).
    Es una especie relativamente ruidosa y puede mostrar conductas agresivas. La vocalización característica de ambos sexos es un silbido fuerte, descrito como «wa-kew», que también puede emitirse durante el vuelo. Los movimientos laterales de la cabeza funcionan como señal previa al despegue, mientras que la postura de amenaza más habitual consiste en llevar la cabeza hacia atrás. La posición de amenaza con la cabeza baja y dirigida hacia delante es menos frecuente, y no se ha documentado de manera habitual el mordisqueo mutuo, lo que coincide con la caracterización de la especie como relativamente poco social (Johnsgard, 1975:17).

    Las interacciones agonísticas presentan semejanzas con las de los gansos y comprenden diferentes niveles de intensidad, desde las posturas de amenaza hasta la persecución y el enfrentamiento físico (Johnsgard, 1965:17). En los conflictos más intensos pueden producirse mordiscos, golpes con el pico, arañazos y batidos de alas. Durante la amenaza con la cabeza baja y hacia delante suelen erizarse las plumas occipitales y puede emitirse la vocalización “kee” (Johnsgard, 1965:17).

    El comportamiento sexual se caracteriza por la escasez de exhibiciones de cortejo notables. Johnsgard (1975:17) señaló que no se había descrito de manera concluyente una conducta de cortejo en esta especie y consideró que la cópula probablemente no constituye un componente fundamental de la formación de pareja, dado que se concentra principalmente en el periodo inmediatamente anterior a la nidificación. De manera ocasional se ha observado a un posible macho nadando delante de otra ave en una postura semejante a la exhibición «altiva» de los gansos, aunque su función como conducta de cortejo no ha podido confirmarse (Johnsgard, 1975:17).

    La especie presenta un sistema de apareamiento descrito como “monogamia de por vida”, con parejas capaces de permanecer unidas durante varias temporadas reproductivas, de manera semejante a los gansos y cisnes (Kear, 2005:19). La evidencia disponible indica que las parejas previamente establecidas pueden reunirse rápidamente y que también pueden formarse nuevos vínculos después de la llegada a las áreas de reproducción. En este contexto, los vuelos de persecución protagonizados por varios machos y una hembra fueron interpretados por Meanley & Meanley (1959:37) como una posible evidencia de formación de parejas en las propias zonas de cría.

    La cópula se desarrolla exclusivamente en el agua y está precedida por una interacción relativamente breve y discreta. Según Finn (1919:262), Meanley & Meanley (1958:96) y Johnsgard (1975:17), el comportamiento precopulatorio comprende la inmersión mutua de la cabeza o del pico, conducta posiblemente derivada de movimientos de baño, tras la cual el macho monta repentinamente. Hohman & Lee (2020) señalan además que la cópula suele estar precedida por una sesión prolongada de alimentación en la que ambos miembros permanecen próximos.

    Después de la cópula tiene lugar una elaborada exhibición postcopulatoria denominada “Step-Dance”. Ambos individuos permanecen juntos y orientados generalmente en la misma dirección, elevan el cuerpo y realizan movimientos coordinados sobre el agua, con el pecho hinchado, el pico apoyado contra la parte inferior del cuello y el ala situada en el lado opuesto a la pareja parcialmente extendida sobre el dorso (Meanley & Meanley, 1958:96). Inmediatamente después pueden producirse vocalizaciones intensas y movimientos laterales entre los miembros de la pareja. La secuencia concluye habitualmente con baño y acicalamiento prolongado, y ocasionalmente con aleteo (Johnsgard, 1975:20; Hohman & Lee, 2020).

    VOCALIZACIONES

    Las vocalizaciones de D. bicolor están insuficientemente descritastanto en adultos como juveniles (Hohman & Lee, 2020). En los individuos de plumón se ha señalado un comportamiento vocal ruidoso, caracterizado por una llamada de cuatro sílabas, de timbre ligeramente metálico, emitida con rapidez y de forma reiterada hasta producir un parloteo casi continuo. También se registran chillidos y silbidos intermitentes semejantes a los de los adultos, así como un silbido suave, prolongado y descendente, precedido por una o más notas disilábicas, que se produce desde una postura erguida. Los silbidos persistentes pueden estar asociados con situaciones de alarma (Hohman & Lee, 2020).

    En los adultos, la especie es considerada ruidosa tanto durante el día como durante la noche (Palmer, 1976:18; Palmer, 1976; Clark, 1978a; WLH). La vocalización característica consiste en un silbido agudo, generalmente bisilábico y con énfasis en la segunda sílaba, transcrito como «pit-tu», «kit-tee» o «pee-chee». Esta llamada puede emitirse tanto en vuelo como desde el suelo y, según las observaciones de ejemplares cautivos, presenta un tono ligeramente más agudo. Cuando el individuo se encuentra posado, suele extender completamente el cuello, elevar la cabeza y orientar el pico verticalmente, repitiendo este movimiento con cada emisión. Con frecuencia, el silbido bisilábico es seguido por una serie de notas muy breves y agudas. La vocalización parece desempeñar diversas funciones, entre ellas la reunión de individuos, por ejemplo, como preludio al vuelo grupal, el saludo y la alarma; asimismo, puede producirse durante la alimentación y la preparación para el descanso (Palmer, 1976:18; Palmer, 1976; Clark, 1978a; WLH).

    La llamada de reconocimiento o contacto consiste en un parloteo suave de cuatro sílabas, transcrito como «cup-cup-cup-cup». Es una vocalización de escasa capacidad de propagación, empleada principalmente por individuos en el suelo ante estados de leve excitación o como respuesta amistosa a la presencia de un congénere reconocido. Su tono, frecuencia, volumen y duración son variables y parecen depender del estado emocional del emisor; en cautiverio se ha observado incluso un intercambio de tipo conversacional mediante esta llamada y sus variaciones (Palmer, 1976:18; Palmer, 1976; Hohman & Lee, 2020).

    Entre las vocalizaciones adicionales se encuentra una nota áspera, «kee», que puede repetirse rápidamente más de cuatro veces durante interacciones de carácter hostil. También se ha descrito un llanto suave y prolongado, frecuentemente repetido, que probablemente se relaciona con el cortejo (Palmer, 1976:18; Palmer, 1976). A diferencia de otras anátidas, D. bicolor no produce un graznido típico (Palmer, 1976:18).

    Sick (1997:234) destaca que la voz de la especie difiere notablemente de la de sus congéneres y la caracteriza por un timbre nasal peculiar, transcrito como «gse-gsãa» y «tzí-biã«.

     

    ALIMENTACIÓN

    El Sirirí colorado presenta marcadas características morfológicas adaptadas a la alimentación acuática. Entre ellas destacan maxilares ensanchados en su porción distal, una uña apical del pico muy desarrollada, láminas maxilares de mayor longitud, altura y densidad, un aparato hioideo de dimensiones superiores y una cavidad maxilar expansiva (Rylander & Bolen, 1974:94). Asimismo, posee extremidades posteriores comparativamente grandes, lo que denota hábitos marcadamente más acuáticos que sus congéneres, sumado a que tanto adultos como juveniles son buceadores consumados (Bolen & Rylander, 1974:94).
    El forrajeo se realiza de manera individual, en parejas o en pequeños grupos de 10 a 40 individuos, aunque con frecuencia se congrega en bandadas de cientos o miles de ejemplares, asociándose con especies simpátricas como D. viduata y D. autumnalis (Kear, 2005:19). La actividad alimentaria ocurre preferentemente en el agua mientras el ave camina por el vado o nada, explotando zonas con profundidades generalmente menores a 0.5 metros, tales como bordes de vegetación emergente inundada, áreas de rastrojos de arroz, vegetación de tierras húmedas y macrófitas flotantes o sumergidas (Meanley & Meanley, 1959:41). Adicionalmente, se ha registrado su alimentación en tierras altas sobre residuos de maíz (Zea mays) (Hohmans, 1996:141). Cronológicamente, la alimentación es más intensa por la mañana (06:00-10:00 h) y a finales de la tarde (16:30-18:30 h), existiendo además una marcada actividad nocturna en campos de arroz como respuesta a que los agricultores los ahuyentan (Dallmeier, 1991:266), sin que se evidencien variaciones dietarias intradiarias (Hohman et al., 1996:141).
    La dieta de la especie es predominantemente granívora, con un rango de tamaño de semillas que oscila entre <0.1 mm (oogonios de Chara sp.) y aproximadamente 5 mm (arroz) (Hohman & Lee, 2020; Hohman et al., 1996).
    A excepción de los patitos, el consumo de materia animal es marginal en comparación con otras aves acuáticas simpátricas de tamaño mediano (Hohman et al., 1996:141). Cuando ocurre, la ingesta animal es de carácter bentónico e incluye organismos de los phyla Annelida (Oligochaeta) y Mollusca (Gastropoda y Pelecypoda) (Hohman et al., 1996).
    En el área del río Paraná, los registros históricos sobre la alimentación de D. bicolor han sido de carácter general y con escasa descripción taxonómica. Autores previos mencionaron un espectro compuesto por semillas, granos, plantas acuáticas e invertebrados como insectos, larvas, moluscos y vermes (De la Peña, 1976, 1983; Dabbene, 1972; Navas, 1977). Navas (1977) especificó el consumo de materia vegetal tanto en ambientes acuáticos como en suelo firme.
    Estudios específicos determinaron que el componente vegetal más relevante en esta región corresponde a las semillas de Polygonum spp. y gramíneas del género Paspalum sp., seguidas por aportes significativamente menores de Solanum glaucophryllum y Muehlenbeckia sagittifolia (Mosso & Beltzer, 1991:3). En dicha investigación se reportó una ausencia total de elementos de origen animal en la dieta,
    dada la naturaleza perenne de las especies vegetales consumidas (Mosso & Beltzer, 1991:3).

    Tabla Componentes en la Dieta de Dendrocygna bicolor (Hohman et al., 1996:141).

    REPRODUCCIÓN

    El momento de formación de la pareja no se conoce con precisión. En el suroeste de Luisiana, coincide con la llegada de pequeñas bandadas (<50 aves), entre principios de marzo y mediados de abril; posteriormente, las aves comienzan a dispersarse y se hacen evidentes los vuelos de persecución y las parejas (Hohman & Lee, 2020; Belton, 1984:461). En Texas llegan hacia mediados de febrero y en California hacia mediados de marzo (Oberholser, 1974:151).

    Durante el período previo a la nidificación pueden observarse grupos de 2–4 individuos realizando vuelos con numerosos giros, vueltas y fuertes balanceos laterales. También se han descrito exhibiciones terrestres de saludo y persecución. En estas últimas, un individuo se aproxima con la cabeza y el cuello erguidos, infla el pecho, adopta parcialmente la forma de S con el cuello, vocaliza y finalmente simula alimentarse. Estos comportamientos podrían intervenir en la formación del vínculo de pareja. Se ha sugerido que este vínculo podría ser monógamo y de larga duración (Palmer, 1976:22/23).

    La cópula suele producirse en el agua. Después de breves inmersiones mutuas de la cabeza, el macho se monta durante un corto período. A continuación, ambos individuos vocalizan y realizan una exhibición conjunta en la que elevan el cuerpo, mantienen el cuello en forma de S y levantan el ala opuesta a la pareja, comportamiento denominado “Step-dance” y descrito por Meanley & Meanley (1958:96), Johnsgard (1965:18 -ver Fig 2), y Palmer (1976:22/23).
    Los períodos reproductivos varían según la región. Los nidos se inician en Texas entre mayo y mediados de septiembre; en Florida, entre mayo y principios de septiembre; en Cuba, entre abril y agosto; y en California, desde fines de abril hasta mediados de julio (Bent, 1925:272; Oberholser, 1974:151; Palmer, 1976:22; Acosta Cruz et al., 1989, en Hohman & Lee 2020 y Wyss, 1996). En Argentina se registraron nidos y/o pichones en las provincias de Santiago del Estero, Córdoba, La Pampa, Santa Fe y Buenos Aires entre septiembre y marzo (de la Peña, 2025:95). En el Neotrópico y África, la nidificación coincide en gran medida con la estación húmeda (Kear, 2005:19).

    Antes de la puesta, las parejas realizan vuelos exploratorios bajos y circulares sobre la vegetación emergente inundada, aterrizando en sectores densos o pequeñas aberturas para evaluar los posibles sitios de nidificación. Estas prospecciones se realizan principalmente a primera hora de la mañana.

    El nido se construye principalmente entre vegetación herbácea densa, ya sea emergente, flotante o inundada. En ambientes arroceros existe una marcada preferencia por campos con abundante vegetación natural frente a monocultivos desprovistos de malezas (Meanley & Meanley, 1959:37). En otros ambientes se han registrado nidos asociados a «Paspalum», «Scirpus», «Leersia», «Aster spinosus», «Typha», «Phragmites» y «Echinodorus» (Dickey & Van Rossem, 1923:5), así como sobre esteras flotantes de «Eichhornia crassipes» en El Salvador (Gómez Ventura & de Mendoza, 1982). En el suroeste de Luisiana, la especie también nidifica en campos de cereales, pastizales, henares y campos antiguos que conservan una cobertura herbácea abundante.

    La estructura consiste en una plataforma o cuenco simple y frágil, elaborado principalmente con hojas, tallos y plantas arrancadas de las inmediaciones (Kear, 2005:19). En los arrozales, el arroz constituye el material predominante y puede incorporar hojas, plantas arrancadas y, en las nidadas tardías, espigas inmaduras. En California, además, se emplean hierbas, juncos (Scirpus) y espadañas. Durante los primeros días de la puesta, la estructura permanece relativamente débil y la copa se consolida progresivamente; posteriormente, el nido puede desarrollar un dosel parcial o completo y, en algunos casos, una rampa de acceso. No se incorpora plumón a su construcción. Asimismo, las variaciones del nivel del agua hacen necesario su mantenimiento durante la incubación, pudiendo ser elevado conforme aumenta la profundidad de inundación (Kear, 2005:19; Palmer, 1976:22/23).

    En Argentina, la descripción aportada por de la Peña (2025:95) coincide con esta caracterización general: “En el suelo, entre pastos. Oculto. Poco elaborado. Plataforma plana, con base de pastos”.
    Los supuestos casos de nidificación en cavidades señalados por Bent (Bent, 1925:275) probablemente se deben a identificaciones erróneas (Rylander & Bolen, 1970:79).

    Los huevos son ovalados, de color blanco a blanco-beige, con cáscara lisa o brillante y diminutas picaduras. Se ponen probablemente entre la salida del sol y las 12:00, a razón de un huevo por día.

    El tamaño de puesta varía geográficamente. En el suroeste de Luisiana (1991–1993) fue de 2–44 huevos en nidos terrestres y de 3–31 en nidos sobre el agua; en Texas, de 6–16; en el sur de África, de 6–13; en Cuba, de 8–13; y en El Salvador, de 6–22 (Gómez Ventura & Mendoza 1982; Acosta Cruz et al. 1989). Las nidadas producto de puesta comunal pueden alcanzar 21, 23 e incluso 62 huevos (Kear, 2005:19)
    En Argentina la puesta es de 16 huevos o más y nidifican entre pasto (de la Peña, 1987:36; de la Peña, 2025:95).

    La incubación comienza una vez finalizada la puesta. El adulto permanece toda la noche en el nido el día en que se deposita el último huevo. Los machos pueden permanecer en el nido al mediodía después de la puesta de 4–5 huevos y también participan en la incubación, que es compartida de manera aproximadamente equitativa entre ambos sexos (Meanley & Meanley, 1959:6; Flickinger, 1975:106). La presencia del macho durante la puesta podría contribuir a mantener la viabilidad de los huevos mediante el sombreado y a proteger el nido.

    El período mínimo de incubación es de 24–25 días, aunque puede prolongarse por el parasitismo de los nidos (Meanley & Meanley, 1959:37). La eclosión es sincronizada y ocurre entre 24 y 48 horas después del inicio del picoteo.

    Los polluelos son precociales y nidífugos, nacen completamente cubiertos de plumón y, por lo general, abandonan el nido al día siguiente de la eclosión. Aunque son capaces de alimentarse por sí mismos, ambos progenitores participan en su cuidado parental (Palmer, 1976:22/23). Según Navas (1977), el plumaje del pichón es pardo grisáceo muy pálido en las partes superiores y blancuzco, casi blanco, en las inferiores. El occipucio presenta una banda blancuzca, acompañada de otra mancha de la misma coloración en el lorum. El pico y las patas son de color gris plomizo.
    Salvador et al. (2017) registraron un peso medio de 44 g, con un rango de 41–47 g.

    Durante los primeros días, los adultos pueden permanecer con las crías o regresar al lugar del nido para empollarlas. La nidada permanece con los progenitores hasta alcanzar el desarrollo del vuelo, aproximadamente a los 63 días, y posiblemente durante más tiempo. Los jóvenes de nidos sobre el agua permanecen cerca del sitio mientras este continúa inundado; los procedentes de nidos terrestres pueden desplazarse hasta 400 m hacia zonas de alimentación inundadas, especialmente cuando los arrozales se desecan.
    Los polluelos pueden bucear desde las 48 horas de vida, aunque inicialmente se alimentan principalmente en la superficie.

    En Luisiana, solo 3 de 10 nidos estudiados tuvieron éxito. Se consideró que correspondían a primeras nidadas, potencialmente más vulnerables a la depredación. Las pérdidas se atribuyeron principalmente a la acción humana y también a mapaches, zarigüeyas, zorrillos y condiciones climáticas severas (Palmer, 1976:22/23).

    Registros de nidificación en Argentina 

    Depredación
    Entre los principales depredadores potenciales de los adultos durante la reproducción en EEUU se encuentran el zorro común (Vulpes vulpes), el lince rojo (Felis rufus), el mapache norteño (Procyon lotor), el aguilucho pálido (Circus cyaneus), el búho cornudo o Ñacurutú en Argentina (Bubo virginianus) y el visón (Mustela vison) (Meanley & Meanley, 1959:40). En el suroeste de Luisiana, los principales depredadores de huevos incluyen la garza nocturna o encapuchada (Nyctanassa violacea) y otras aves zancudas, además de serpientes, visones, mapaches norteños, zarigüeyas, mofetas rayadas (Mephitis mephitis) y perros domésticos (Canis familiaris).
    La especie presenta diversas estrategias frente al riesgo de depredación. Cuando son perturbados en el nido, los adultos pueden defecar ocasionalmente sobre los huevos. Tanto los adultos como los juveniles suelen refugiarse en vegetación densa; sin embargo, cuando se encuentran en aguas abiertas, los adultos pueden realizar conductas de distracción, como fingir estar heridos mediante el batido de las alas sobre la superficie del agua mientras se alejan del área de peligro (Ruwet, 1963). Los adultos expulsados del nido también pueden efectuar vuelos bajos y erráticos, con las patas extendidas hacia abajo, rozando en ocasiones la parte superior de la vegetación. Durante estas maniobras suelen permanecer cerca del área perturbada, a veces acompañados por sus parejas u otros individuos reproductores de las proximidades, y realizan vuelos circulares mientras emiten un silbido característico de dos sílabas (kit-tee).
    Ante la presencia de depredadores aéreos, tanto adultos como juveniles responden mediante inmersiones rápidas y repetidas, buscando refugio entre la vegetación emergente inundada.

  • Sirirí colorado | Descripción


    © David Álvarez López. Suirirí bicolor (Fulvous Whistling Duck) (Dendrocygna bicolor). Marzo 2016. Algunos derechos reservados

    Pato de tamaño mediano, con una longitud de 45–53 cm y un peso de 440–1050 g en machos y 500–1000 g en hembras (Hohman & Lee, 2020; Kear, 2005:19; Jiménez et al., 2014:26; de la Peña, 2015:110). Forma semejante a la de un ganso, con cuello y patas largos, postura erguida y alas relativamente anchas y redondeadas. Los adultos poseen una ligera cresta, mientras que las hembras son ligeramente más pequeñas y de coloración algo más apagada (Hohman & Lee, 2020). (Foto)
    El plumaje se caracteriza por el contraste entre las partes superiores marrón negruzcas y las inferiores de tonalidad canela.
    La cabeza es marrón rojiza, con la cara más clara; el cuello es blanquecino y está finamente estriado de pardo grisáceo, mientras que una línea oscura se extiende desde la nuca hacia el dorso (de la Peña, 2015:110).
    Dorso oscuro, con bordes de las plumas de tonalidad canela rojiza. Las alas presentan remeras primarias y secundarias pardo oscuro y cubiertas superiores castañas, mientras que los flancos son ocráceos y las partes ventrales canela.
    Las cubiertas supracaudales e infracaudales, de color beige claro a blanquecino, contrastan con la cola negra y forman una característica media luna, rasgo particularmente visible durante el despegue y el aterrizaje (Hohman & Lee, 2020; Johnsgard, 1975:17; de la Peña, 2015:110; de la Peña, 2025:94).
    Las plumas de los lados de la parte superior del cuello presentan bases y márgenes gris oscuro y puntas leonadas, formando finas líneas oscuras semejantes a un medio collar.
    El mentón es blanco pálido y la región posterior de la corona y la nuca son marrón canela oscuro (Hohman & Lee, 2020).
    El pico y las patas son grises con tinte celeste, el iris pardo oscuro y los pies gris azulados intensos (Hohman & Lee, 2020; de la Peña, 2015:110; de la Peña, 2025:94).
    En vuelo, se distingue por el batido relativamente lento de las alas, el cuello extendido y las patas que sobresalen por detrás de la cola. A diferencia de otros patos silbadores, no produce un fuerte ruido de alas durante el vuelo (Johnsgard, 1975:17).
    Los adultos realizan un ciclo anual de muda (Hohman & Lee, 2020; Johnsgard, 1975:17).

    (Hohman & Lee, 2020; de la Peña, 2025:94; Salvador, 2014:48; Bolen & Rylander, 1983:81; Palmer, 1976:16)

  • Sirirí colorado | Taxonomía


    Especie monotípica, ya que no presenta subespecies ni variación geográfica apreciable en el tamaño o la coloración del plumaje, a pesar de su distribución discontinua en tres continentes (Friedmann, 1947:192; Hellmayr & Conover, 1948:314; Monroe, 1968:135).
    El registro paleontológico del género Dendrocygna es escaso. El fósil más antiguo conocido corresponde a Dendrocygna eversa, procedente de depósitos del Plioceno superior en Arizona, aproximadamente a dos millas al sur de la localidad de Benson (Wetmore, 1925:4). Asimismo, se han identificado restos fósiles de Dendrocygna en un yacimiento precolombino de Venezuela (Brodkorb, 1964 en Palmer, 1976:21).

  • Sirirí colorado (Dendrocygna bicolor)


    The game birds of California. Grinnel et al., 1918. Fulvous tree duck (Dendrocygna bicolor). Lámina 7

    El Sirirí colorado (Dendrocygna bicolor) presenta una amplia distribución mundial, principalmente en regiones tropicales y subtropicales de América, África y Asia, aunque también ocupa zonas templadas. En Estados Unidos, su expansión hacia el norte comenzó a mediados o finales del siglo XIX, con el establecimiento de poblaciones reproductoras en California y en las áreas arroceras de la llanura costera del Golfo durante la primera mitad del siglo XX. Aunque después de la reproducción se producen desplazamientos erráticos hacia diversas regiones de Norteamérica, las áreas de cría permanecen restringidas principalmente a Texas, Luisiana, California y Florida (Hohman & Lee, 2020).

    Los adultos presentan una coloración predominantemente parda, con cabeza, cuello y pecho beige intenso, manto marrón oscuro con bordes beige y una característica franja blanca en los flancos, además de una marca blanca en forma de V visible durante el vuelo. El pico, las patas y los pies son grises. La especie nidifica en el suelo, tanto en vegetación palustre como en ambientes agrícolas, especialmente arrozales poco profundos. Su vocalización, generalmente bisilábica y ronca, puede escucharse con frecuencia durante la noche (Hohman & Lee, 2020).

    Su comportamiento migratorio varía geográficamente: las poblaciones septentrionales realizan migraciones, mientras que otras efectúan desplazamientos locales. En la costa del Golfo, el retorno a las áreas reproductivas durante febrero y marzo coincide con el inicio de la siembra del arroz. Su dieta está constituida principalmente por semillas de plantas asociadas a suelos húmedos, abundantes en los arrozales inundados, aunque también consume ocasionalmente grano cultivado (Meanley & Meanley, 1959:41). La inundación de los campos favorece la reproducción, al proporcionar condiciones adecuadas para la nidificación en diques, pastizales y otros cultivos próximos. En Estados Unidos, el uso de ambientes naturales no agrícolas para reproducirse es limitado (Hohman & Lee, 2020).

    A diferencia de muchas anátidas de regiones templadas, el Sirirí colorado podría establecer vínculos de pareja duraderos, potencialmente durante varias temporadas o incluso toda la vida. Ambos sexos participan en la incubación y los machos intervienen activamente en el cuidado de las crías. Asimismo, el parasitismo intraespecífico de nidos es frecuente tanto en nidos terrestres como acuáticos. Otra particularidad de las poblaciones migratorias es el retraso de la muda de las alas hasta el regreso a las áreas meridionales de invernada, en contraste con el patrón habitual de otras aves acuáticas norteamericanas (Hohman & Lee, 2020).

    Las poblaciones estadounidenses han experimentado importantes fluctuaciones desde el inicio de su reproducción documentada a comienzos del siglo XX. Entre los factores potencialmente implicados se encuentran los desplazamientos irregulares, la contaminación por pesticidas, la pérdida y degradación del hábitat, las alteraciones derivadas de las prácticas agrícolas, los cambios en los sistemas de cultivo y la caza. Actualmente, las poblaciones reproductoras de Estados Unidos se consideran estables o crecientes, excepto en California, mientras que la situación de las poblaciones fuera del país continúa siendo poco conocida (Hohman & Lee, 2020).

    Pese a su relativa abundancia, el Sirirí colorado constituye una de las aves acuáticas norteamericanas menos estudiadas. La investigación se ha concentrado principalmente en zonas agrícolas de Norteamérica y Sudamérica situadas en los límites de su distribución reproductiva, con especial atención a su posible impacto como plaga agrícola (Meanley & Meanley, 1959:44; Flickinger & King, 1972:706; Bruzual & Bruzual, 1983:25; Dallmeier, 1991:266; Hohman et al., 1996:146; Peris et al., 1998a:164).

    Nombres comunes: Sirirí colorado (Argentina); Pato silbón colorado (Chile); Iguaza María (Colombia); Pijije canelo (Costa Rica); Yaguasín (Cuba y Rep. Domincana); Pato silbador canelo (Ecuador; Panamá); Suirirí bicolor, Piche amarillo (Honduras); Pijiji canelo (México); Pato silbón canelo (Perú); Pato silbón colorado (Paraguay); Pato canela (Uruguay); Tejé, Yaguaso colorado, Güire (Venezuela); Marreca Caneleira, Marreca-caneleira, Marreca-peba, Xenxém (Brasil) (de la Peña, 2025:94, Avibase).
    Otros nombres: Pato rojo y negro, Pato silbón, Pato silbón común, Pato sirirí, Pato suirirí, Silbón canela, Siriaco, Sirirí, Sirirí canela, Sirirí común, Sirirí silbón, Suirirí. En guaraní: Ype suiriri pytâ, Ype-pytaju, Ype-suiriri-pytâ, Ipé-chuirirí (Chébez, 1996:121; de la Peña, 2025:94).

    EN OTROS IDIOMAS

    BREVES APUNTES HISTÓRICOS

    • Brisson, M.-J. & Martinet, F. N. (1760). Ornithologie, ou, Méthode contenant la division des oiseaux en ordres, sections, genres, especes & leurs variétés … (Vol. 6, p. 390). Ad Ripam Augustinorum, apud Cl. Joannem-Baptistam Bauche, bibliopolam, ad Insigne S. Genovesae, & S. Joannis in Deserto. (enlace) (Anas fulva)  
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  • Chajá | Conservación


    ESTADO DE CONSERVACIÓN: PREOCUPACIÓN MENOR

    La Chauna torquata (Chajá) es considerado una especie de “Preocupación Menor” por BirdLife International debido a su amplia distribución geográfica, gran tamaño poblacional y tendencia poblacional estable, factores que lo mantienen lejos de los umbrales de amenaza establecidos (BirdLife International 2010). En este sentido, no cumple criterios de vulnerabilidad asociados a reducciones significativas de distribución, población o declives superiores al 30 % en el corto o mediano plazo, lo que refuerza su clasificación como especie no amenazada (Brady, 2020).
    Aunque no se encuentra en riesgo, esta especie presenta interacciones relevantes con la actividad humana: puede ser domesticada y es utilizada como animal de guardia debido a su potente vocalización, mientras que en contextos agrícolas es frecuentemente considerada una especie problemática por su comportamiento gregario. Asimismo, la desecación de humedales afecta sus áreas de reproducción, aunque la especie muestra cierta capacidad de adaptación a estas modificaciones ambientales (Carboneras, 1992:533).
    En relación con sus depredadores, se han registrado diferentes amenazas según las etapas del ciclo de vida. En estado adulto, se ha documentado la depredación por el zorro pampa o gris en Maipú, Buenos Aires (Argerich, E., 31/12/2017; EcoRegistros 2019). En etapas tempranas, los huevos y pichones pueden ser depredados por la musurana en Formosa (Gallardo et al., 2006) por el curiyú en Formosa (Waller et al., 2007).

    En Argentina, a pesar de no estar considerada una especie amenazada (López Lanús et al., 2008:46), enfrenta múltiples presiones antrópicas que pueden generar consecuencias significativas sobre sus poblaciones. Entre ellas se destaca la caza sostenida, que ha provocado disminuciones locales evidentes en áreas de persecución activa y un descenso general en regiones como la Provincia del Chaco (Contreras et al., 1990). Además, su sensibilidad a las modificaciones drásticas del hábitat, particularmente aquellas vinculadas a la alteración de recursos hídricos, constituye un factor crítico. También se señala su exposición a los efectos directos e indirectos de agroquímicos debido a su frecuente presencia en arrozales, lo que incrementa su vulnerabilidad ambiental y refuerza la necesidad de medidas de protección legal (Contreras et al., 2014:74).
    Finalmente, las estimaciones poblacionales globales para la Argentina indican un rango aproximado entre 100.000 y 1.000.000 de individuos (Delaney & Scott, 2002; Di Giácomo et al., 2007:496), lo que confirma su amplia abundancia relativa a escala regional.

    Estado de conservación en Argentina (SIB)
    No Amenazada (NA): según AA y SAyDS, 2008 (Aves Argentinas y Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable). López-Lanús, B., P. Grilli, E. Coconier, A. Di Giacomo y R. Banchs. Categorización de las aves de la Argentina según su estado de conservación. Informe de Aves Argentinas /AOP y Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable. Buenos Aires, Argentina. 1 ed. AOP: Buenos Aires, Argentina
    No Amenazada (NA): según MADS y AA, 2017 (Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y Aves Argentinas). Categorización de las Aves de la Argentina según su estado de conservación. Informe del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y de Aves Argentinas. 146 p. 2017
    Preocupación Menor (LC): según UICN (API) (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza). Lista Roja de la UICN publicada en https://www.iucnredlist.org. Actualización en tiempo real

  • Chajá | Distribución


    © Animalia. Algunos derechos reservados

    Es una especie endémica de Sudamérica (Contreras, 2014:75), cuya distribución se extiende principalmente por la Cuenca del Plata y regiones adyacentes, con registros aislados en la Amazonia peruana (Servat & Pearson, 1991:92; Contreras, 2014:75). Su rango de distribución comprende Bolivia, Paraguay, Uruguay, Argentina y Brasil (Sick, 1997:242; Olrog, 1979:46).
    En Bolivia, la especie se distribuye ampliamente en el norte y este de los departamentos de Beni, Santa Cruz y Tarija (Blake, 1977:211), con presencia general desde el país hacia el sur hasta el norte de Argentina y hacia el este hasta los estados brasileños de Mato Grosso y Rio Grande do Sul (Davis et al., 1994:76; Brumfield et al., 2004:385). Asimismo, se ha registrado en Paraguay y Uruguay (Gore y Gepp, 1978), así como en el sur de Brasil, desde Mato Grosso hasta el oeste de São Paulo y Rio Grande do Sul (Blake, 1977:211; Sick, 1997:242). En Argentina, su distribución alcanza desde las regiones septentrionales hasta las provincias de Mendoza, La Pampa y Buenos Aires (Blake, 1977:211; Olrog, 1979:46; Josens et al., 2009:9).
    Existen además registros erráticos en el sudeste de Perú (Parker, 1982:478; Servat & Pearson, 1991:92), lo que ha llevado a señalar su presencia ocasional en la Amazonia peruana (Contreras, 2014:75).
    La especie habita preferentemente ambientes palustres, marismas y lagunas con abundante vegetación acuática. En Rio Grande do Sul se la considera un residente común en humedales y lagos con vegetación emergente, particularmente en las zonas litorales y en sectores occidentales de la depresión central del estado (Belton, 1984:477).
    Aunque generalmente se considera una especie no migratoria, estudios terrestres y aéreos realizados en Rio Grande do Sul evidenciaron fluctuaciones estacionales en la abundancia. Las poblaciones costeras disminuyen entre julio y noviembre, coincidiendo con incrementos en localidades del interior, lo que sugiere la existencia de movimientos locales o desplazamientos regionales (Fontana et al., 1994).

    HÁBITAT

    La especie se encuentra estrechamente asociada a ambientes de humedales tanto tropicales como subtropicales, incluyendo lagos, marismas, lagunas, esteros y pantanos, generalmente en áreas con vegetación acuática y, en algunos casos, con presencia de árboles dispersos (Brady, 2020; Olrog, 1979:46).
    Habita una amplia variedad de humedales continentales, tales como lagunas, esteros, bañados y sabanas húmedas, así como bosques abiertos e inundados y arrozales (Contreras et al., 2014:74; de la Peña, 2025:86). Asimismo, puede utilizar ambientes antropizados o modificados, como campos inundados y áreas agrícolas.
    A escala regional, se ha documentado su presencia en lagunas, bañados, campos y diques en la provincia de Córdoba, con excepción de la región altoserrana, donde no se registra. Las mayores densidades poblacionales se concentran en las zonas este, centro y sur de dicha provincia (Salvador et al., 2017:16).
    En Argentina, también ocupa una diversidad de microhábitats acuáticos como represas, orillas de caminos, bañados, esteros y sectores con aguas abiertas en riachos, incluyendo pozas y claros (Di Giácomo, 2005:230). En conjunto, estos registros confirman su fuerte dependencia de sistemas de humedales y su amplia tolerancia a distintos tipos de cuerpos de agua someros (Olrog, 1979:46; Contreras et al., 2014:74).
    Ecorregiones: Pampa, Chaco y Delta e Islas del Paraná , Espinal  Esteros del Iberá y Yungas (Barnett & Pearman, 2001:30)

    DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA EN ARGENTINA

    En Argentina se distribuye desde el norte del país hasta el sureste de San Juan y abarcando también el este de Mendoza, La Pampa y Río Negro (de la Peña, 2025:91). En términos generales, ocupa gran parte del territorio argentino no serrano, alcanzando las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Córdoba, San Luis, Mendoza y Río Negro (Contreras, 2014:75).
    Son residentes durante todo el año. En la Reserva El Bagual (Formosa), la especie ha sido considerada residente permanente, con registros correspondientes a todos los meses del año (Di Giácomo, 2005:230). Los antecedentes para la provincia de Formosa incluyen las observaciones realizadas por Wetmore (1926) entre el 10 y el 21 de agosto de 1920 en el Riacho Pilagá, donde se colectó un macho adulto el 16 de agosto, así como un ejemplar obtenido por la expedición Krieg en Lapango durante septiembre de 1925 (Laubmann, 1930). Posteriormente, Narosky y Martelli (1995) la señalaron como una especie común en la estancia Clarín durante octubre de 1991. Su presencia también ha sido documentada en el Parque Nacional Río Pilcomayo (Pujalte et al., 1995; López Lanús, 1997) y en la Reserva Natural Formosa (Chebez et al., 1998).
    De acuerdo con registros más recientes, la especie se encuentra presente en diecinueve provincias: Buenos Aires, Catamarca, Chaco, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Mendoza, Misiones, Río Negro, Salta, San Juan, San Luis, Santa Fe, Santiago del Estero y Tucumán (Lucero, 2020:26; de la Peña, 2019). Dentro de este amplio rango de distribución, se ha documentado su nidificación en al menos doce provincias, incluyendo Jujuy, Salta, Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Corrientes, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, San Luis, Buenos Aires y La Pampa (Salvador, 2017).

    Citas y observaciones en las provincias

  • Chajá | Comportamiento


    El Chajá (Chauna torquata) es una especie de hábitos predominantemente terrestres y diurnos. Aunque posee capacidad para nadar, generalmente prefiere desplazarse caminando, comportamiento que ha llevado a describirlo como un ave terrícola y caminadora (Brady, 2020; Di Giacomo, 2005:230). Su desplazamiento terrestre se caracteriza por movimientos lentos y un andar majestuoso, acompañado de una postura erguida, una actitud vigilante y una apariencia de continuo estado de alerta (de la Peña, 2025:86; Saporiti, 1947:434). Belton (1984:479) señala que los individuos suelen mantener el cuello vertical, rasgo que refuerza esta impresión de vigilancia permanente.

    Se observa con mayor frecuencia en parejas, condición que diversos autores consideran característica de su comportamiento habitual (Belton, 1984:479; Contreras et al., 2014:74; Salvador et al., 2017:16). Saporiti (1947:434) destaca incluso una marcada tendencia a la vida en pareja, señalando que los individuos suelen mantener una existencia independiente y monógama. No obstante, fuera de la temporada reproductiva pueden reunirse en grupos de tamaño variable y formar grandes concentraciones. Carboneras (1992:530) menciona que durante este período la especie se vuelve social, alimentándose en bandadas de hasta 100 individuos y descansando en grupos. Asimismo, Belton (1984:479) registró una concentración de 181 ejemplares en unas pocas hectáreas, mientras que Di Giacomo (2005:230) señala agrupaciones dispersas que superan el centenar de individuos durante el otoño o después de intensas lluvias en bañados y grandes esteros. Sick (1997:242) también observó grupos de individuos aparentemente no reproductivos que deambulan pacíficamente en distintas épocas del año. En contraste, Salvador et al. (2017:16) indican que los grupos de más de dos individuos son poco frecuentes, generalmente integrados por cuatro a ocho ejemplares.

    La especie frecuenta ambientes abiertos asociados a humedales. Habitualmente se la observa vadeando en marismas poco profundas o descansando en charcas y pantanos de escasa profundidad (Belton, 1984:479; Carboneras, 1992:530; Sick, 1997:242). También utiliza con frecuencia árboles, arbustos y otras estructuras elevadas como sitios de reposo, especialmente para dormir o vigilar el entorno (Belton, 1984:479; de la Peña, 2025:86; Di Giacomo, 2005:230; Sick, 1997:242). Cuando se siente amenazada, suele refugiarse en las copas de los árboles, desde donde emite fuertes vocalizaciones de alarma (Brady, 2020).

    El vuelo constituye una de las capacidades más notables de la especie. Aunque el despegue puede parecer dificultoso debido a su tamaño corporal, una vez en el aire demuestra gran habilidad para el planeo (de la Peña, 2025:86; Brady, 2020). Durante el ascenso realiza vigorosos aleteos que producen un ruido característico, alcanzando posteriormente alturas considerables gracias al aprovechamiento de corrientes térmicas (Belton, 1984:479; de la Peña, 2025:86). Gibson (1880:166) describió su vuelo como lento y compuesto por amplios y potentes movimientos alares. Di Giacomo (2005:230) observó que frecuentemente comparte las corrientes térmicas con otras aves de gran porte, como los Jabirúes (Jabiru mycteria), Tuyuyúes (Mycteria americana) y Jotes Cabeza Negra (Coragyps atratus). Sin embargo, Sick (1997:242) señala que durante el vuelo puede maniobrar torpemente, manteniendo las patas parcialmente colgantes.

    Finalmente, se ha documentado un caso de depredación sobre la especie: en el estómago de una musurana (Boiruna maculata) colectada en la REB y depositada en la colección de la FML se halló un pichón de Chajá de aproximadamente una semana de vida (Gallardo et al., en prensa), registro citado por Di Giacomo (2005:230).

     

    VOCALIZACIONES

    Las vocalizaciones del Chajá (Chauna torquata) constituyen uno de los rasgos más distintivos de la especie. Su voz es extremadamente potente, de gran alcance y fácilmente audible a largas distancias; de hecho, se ha señalado que sus llamados, semejantes a los de los gansos, pueden escucharse a más de tres kilómetros (Sick, 1997:242; Belton, 1984:477). Asimismo, las vocalizaciones han sido descritas como fuertes, poco melodiosas y de carácter trompeteante (Brady, 2020). Los individuos emiten llamados intensos cuando son perturbados y pueden vocalizar incluso durante la noche (Belton, 1984:479; Di Giacomo, 2005:230). La singularidad de estos sonidos es tal que, según Saporiti (1947:434), el nombre vulgar de la especie deriva de una onomatopeya inspirada en su característico grito. Este autor también destaca el comportamiento vigilante y desconfiado del Chajá, así como su predisposición a respuestas defensivas o agresivas.

    Ambos sexos participan activamente en la emisión de llamados, frecuentemente mediante duetos que pueden producirse tanto cuando las aves se encuentran posadas como durante el vuelo (Belton, 1984:477; de la Peña, 2025:86). Según de la Peña (2025:86), mientras uno de los integrantes de la pareja emite un potente “AHA”, el otro intercala un agudo “Ogik”, produciéndose ambas vocalizaciones de manera casi simultánea. De forma similar, Sick (1997:242) describe un intercambio vocal durante el vuelo en el que el macho emite un suave “ta-há” y la hembra responde con un fuerte “TÜ-HÜ”.

    Existen diferencias sexuales apreciables en las vocalizaciones. Belton (1984:477) indica que ambos sexos poseen voces muy fuertes y de gran alcance, aunque el macho presenta un tono más grave, mientras que la hembra emite llamados más agudos. Brady (2020), citando a Sick (1997:242) y Belton (1984:477), señala igualmente que las vocalizaciones de la hembra son más débiles o más agudas que las del macho. Según Belton (1984:477), el macho produce un llamado breve, gutural y muy grave, descrito como “oh-WOOOW” o, en ocasiones, “be-SERK”, mientras que la hembra emite vocalizaciones más agudas, representadas como “a-ta-HAAA” o “ta-HAAA”, con una terminación de carácter nasal.

    Durante la emisión de los llamados, los individuos suelen adoptar posturas corporales características. Sick (1997:242) menciona que, al vocalizar, levantan y sacuden la cabeza. Asimismo, durante el período de cortejo se registra una vocalización particular, descrita por de la Peña (2025:86) como un fuerte “Uahrrrraa… Uahrraaa”, emitido tanto en tierra como en vuelo.

    Entre las distintas onomatopeyas registradas para la especie figuran “graía-gragrá” y “chlarü” (Sick, 1997:242), además de las formas descritas por Belton (1984:477) y recopiladas por Brady (2020). En conjunto, estas vocalizaciones desempeñan un papel fundamental en la comunicación entre los miembros de la pareja y constituyen una de las características más reconocibles del comportamiento de la especie.

     

    ALIMENTACIÓN

    La alimentación del Chajá (Chauna torquata) es predominantemente herbívora y se basa principalmente en el consumo de vegetación mediante pastoreo, de manera similar a los patos y gansos (Carboneras, 1992:531; Weller, 1999:77, citado por Brady, 2020). Su dieta está compuesta fundamentalmente por hojas, tallos, semillas, plantas acuáticas, vegetación silvestre y algunos cultivos (Brady, 2020; Salvador et al., 2017:16). La excavación del sustrato para la obtención de alimento es muy poco frecuente (Carboneras, 1992:531), y existen registros de individuos cuya alimentación estuvo constituida exclusivamente por vegetación de marisma (Belton, 1984:479).

    Los análisis de contenidos estomacales realizados por Aravena (1928:155) evidenciaron un consumo casi exclusivo de material vegetal, especialmente hojas de especies del género Oxalis (O. corniculat var. purpurascens y O. martiana) y flores de “Mata negra/Yuyo moro” (Conyza bonariensis = Erigeron bonariense), sin hallarse restos de origen animal. De forma concordante, Fiora (1939) menciona el consumo de vegetales, mientras que Salvador et al. (2017:16) registraron hojas y tallos de plantas acuáticas, gramíneas y otras especies propias de ambientes asociados a lagunas y bañados.

    Aunque la dieta es esencialmente fitófaga, Zotta (1932:78) encontró en contenidos estomacales restos vegetales con semillas, piedritas y numerosos coleópteros, los cuales probablemente fueron ingeridos de manera accidental durante el pastoreo. En conjunto, la evidencia disponible indica que la especie se alimenta principalmente de vegetación característica de ambientes húmedos, siendo excepcional la presencia de componentes no vegetales en su dieta (Aravena, 1928:155; Zotta, 1932:78; Fiora, 1939; Salvador et al., 2017:16; Brady, 2020).

    En relación con el comportamiento alimentario, Belton (1984:479) observó que el 24 de octubre de 1983 cuatro individuos, tras nadar hasta la orilla de una pequeña isla en la marisma de Capivari, realizaron repetidos movimientos de estiramiento de las patas antes de dirigirse hacia terrenos más elevados, aportando información complementaria sobre las actividades asociadas al uso de ambientes de alimentación.

    REPRODUCCIÓN

    El Chajá establece vínculos de pareja duraderos que pueden mantenerse durante varios años e incluso durante toda la vida (Brady, 2020). Durante el cortejo se observan conductas de acicalamiento mutuo, vocalizaciones en dúo y una exhibición característica en la que los individuos retraen la cabeza hacia atrás hasta tocar la espalda (Stonor, 1939).

    La reproducción ocurre principalmente durante la primavera austral, con una mayor frecuencia de posturas entre octubre y noviembre, aunque se han registrado nidos y actividad reproductiva en distintos meses del año (Carboneras, 1992:534; Belton, 1984:478).

    La especie nidifica de manera solitaria y territorial (Carboneras, 1992:534; de la Peña, 2025:86). Los nidos se ubican en bañados, lagunas, esteros, represas y otros ambientes palustres, generalmente entre juncales, espadañales o pajonales inundados (Salvador et al., 2017:16; de la Peña, 2025:86). Habitualmente son construidos sobre el suelo, aunque ocasionalmente pueden situarse sobre arbustos (de la Peña, 2025:86). Ambos integrantes de la pareja participan en su construcción (Brady, 2020; Carboneras, 1992:532), elaborando una plataforma de juncos, espadañas, ramas y otra vegetación acuática recolectada principalmente en las inmediaciones, aunque en ocasiones el material puede ser transportado desde mayores distancias (Brady, 2020; Carboneras, 1992:532). Gibson (1880:166) describió el nido como una estructura poco profunda de juncos secos, situada sobre el agua o muy próxima a ella.

    La puesta consta generalmente de 3 a 5 huevos, aunque puede variar entre 2 y 7 (Carboneras, 1992:532; Brady, 2020). Los huevos son blancos o blanco-crema, ocasionalmente con manchas tenues, y presentan una cáscara granulada (Stonor, 1939; Gibson, 1880:166; Carboneras, 1992:532). En Córdoba se registraron nidadas de 3 a 5 huevos entre septiembre y enero (Salvador et al., 2017:16).

    La incubación es compartida por ambos sexos y se prolonga aproximadamente entre 42 y 46 días (Carboneras, 1992:532, 534; Stonor, 1939). Cuando el nido queda temporalmente desatendido, los adultos pueden cubrir los huevos con material vegetal (Carboneras, 1992:532). El cuidado parental posterior también es ejercido por ambos progenitores, quienes atienden a las crías tras la eclosión (Stonor, 1939).

    Los pichones nacen cubiertos por abundante plumón gris amarillento o marrón amarillento, más claro en la región ventral (Stonor, 1939; Carboneras, 1992:532, 534; Gibson, 1880:167). Son nidífugos y abandonan el nido poco después de nacer, permaneciendo siempre próximos a sus padres y siguiéndolos de manera constante (Carboneras, 1992:532; Gibson, 1880:167). Durante las primeras semanas utilizan frecuentemente el agua como refugio entre la vegetación debido a su limitada capacidad de desplazamiento terrestre, aunque son buenos nadadores desde edades tempranas (Carboneras, 1992:532; Stonor, 1939).

    Los juveniles empluman entre las 8 y 10 semanas de edad y alcanzan la independencia completa entre las 12 y 14 semanas (Stonor, 1939; Weller, 1967; Carboneras, 1992:532). Sin embargo, Gibson (1880:167) observó que los jóvenes pueden permanecer junto a sus padres aun después de adquirir un plumaje similar al de los adultos y antes de desarrollar plenamente la capacidad de vuelo. En concordancia con ello, Belton (1984:478) observó el 24 de enero de 1979 una pareja acompañada por un pichón de 15 a 20 cm de altura cubierto de plumón pardo amarillento, y capturó el 13 de mayo de 1973 un juvenil de tamaño casi adulto que todavía no podía volar.

    En Argentina los registros de nidificación abarcan al menos 11 provincias (Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, Mendoza, Salta, San Luis y Santa Fe), siendo Buenos Aires y Santa Fe las jurisdicciones con mayor cantidad de observaciones documentadas, existiendo registros reproductivos para todos los meses del año (de la Peña, 2025:86). Las posturas registradas oscilan generalmente entre 3 y 5 huevos, aunque existen nidadas de hasta 7 huevos (Weller, 1968; De la Peña, 2013:24).

    Registros de nidificación y crías de Chauna torquata en Argentina

    Provincia Localidad Registro Referencias
    Buenos Aires Buenos Aires (sin localidad precisa) Nido Stenberg (1869:278)
    Buenos Aires Provincia de Buenos Aires Posturas en junio y octubre Durnford (1876:162)
    Buenos Aires Cabo San Antonio, Partido de la Costa Nidos con huevos; posturas en marzo, mayo, junio y agosto Gibson (1880:166); Gibson (1920)
    Buenos Aires Estancia El Espartillar, General Paz Pollito; nido parasitado por Heteronetta atricapilla Holland (1890:427); Holland (1892:206)
    Buenos Aires Ajó (Los Yuglases/Los Ingleses) Nido; octubre de 1908 y febrero de 1909 Grant (1911:342)
    Buenos Aires Zelaya Nido Pereyra (1923:174)
    Buenos Aires Rosas, Estancia El Toro (Las Flores) Nidificación de septiembre a marzo Daguerre (1922:264)
    Buenos Aires Cacharí Nido con huevos (14-XI-1919) Smyth (1927:13)
    Buenos Aires Estancia Cari Lauquen, General Lavalle Nido Gavio (1944:495)
    Buenos Aires Zoológico de Buenos Aires Posturas en abril, junio, septiembre, octubre y diciembre Saporiti (1947:434)
    Buenos Aires Zoológico de Buenos Aires 3–6 huevos Haedo Rossi (1970)
    Buenos Aires Provincia de Buenos Aires Cuatro nidos observados el 01-X-1953 Zuberbühler (1971)
    Buenos Aires Cabo San Antonio, Partido de la Costa 18 nidos; 4–7 huevos Weller (1968)
    Buenos Aires Otamendi, Campana Tres nidos; huevos en febrero y pichones en mayo Babarskas et al. (2003:69)
    Buenos Aires Parque Plaza Montero, Las Flores Nido entre juncos Tajer et al. (2007:7)
    Buenos Aires General Lavalle Nido parasitado por Heteronetta atricapilla Lyon & Eadie (2013)
    Buenos Aires Benito Juárez Nido (27-IX-2014) Torres (2014)
    Buenos Aires Magdalena Cuatro nidos con huevos (1938–1941) Earnshow en Salvador (2016a)
    Buenos Aires General Madariaga Nido con 4 huevos (13-X-2017) Paulos (2017)
    Buenos Aires Sin localidad precisa Nido Pagano en Salvador (2016a)
    Córdoba Morteros, San Justo Nido con 3 huevos (02-I-1982) De la Peña (2013:24)
    Córdoba Laborde, Unión Tres nidos con 4–5 huevos Nores e Yzurieta Salvador (2016a)
    Córdoba Departamento San Martín Cinco nidos con 4–5 huevos Salvador y Salvador en De la Peña (2016a)
    Córdoba Sin localidad precisa Nido Salvador et al. (2017)
    Corrientes Mburucuyá Dos nidos con 1 y 4 huevos De la Peña (2013:24)
    Corrientes Esteros del Iberá Nido con 5 huevos (20-VII-2013) Villalba (2013)
    Corrientes Concepción del Yaguareté Corá Nido con 5 huevos (08-IX-2017) Oscar (2017)
    Entre Ríos Ceibas, Islas del Ibicuy Nido (18-IX-2011) Lamela (2011)
    Entre Ríos Gualeguaychú Nido (20-VI-2016) Velázquez (2016)
    Formosa Reserva/Estancia El Bagual, Laishi Nidos de mayo-julio y octubre-diciembre; 3–5 huevos; crías de mayo-agosto Di Giacomo (2005:230)
    Jujuy Sin localidad precisa Nido Contino en IML, citado por Salvador (2016a)
    La Pampa General Pico Nidifica Acevedo et al. (2023)
    Mendoza Sin localidad precisa Nidifica Lucero (2020a)
    Salta Paso del Toro, Rosario de Lerma Un huevo (30-VII-1943) Pierotti (IML)
    Salta Sin localidad precisa Nido Depino et al. en eBird (2015)
    San Luis San Felipe, Chacabuco Pareja nidificando en juncal Nellar Ramonella (1993)
    Santa Fe Aguará Grande, San Cristóbal Dos nidos con 3 y 5 huevos De la Peña (2013:24)
    Santa Fe Marcelino Escalada, San Justo Nido con 5 huevos De la Peña (2013:24)
    Santa Fe Llambi Campbell, La Capital Tres nidos con 4–5 huevos De la Peña (2013:24)
    Santa Fe Calchaquí, Vera Siete nidos; hasta 7 huevos; registros de pichones De la Peña (2013:24)
    Santa Fe Los Amores, General Obligado Cuatro nidos; 1–3 huevos; pareja con 5 pichones De la Peña (2013:24)
    Santa Fe Paraje 29 Nido en construcción De la Peña (2013:24)
    Santa Fe Elisa, Las Colonias Nido con 3 pichones (25-XI-2012) Merlino en De la Peña (2016a)
    Santa Fe Elisa, Las Colonias Ave incubando (15-IX-2017) Merlino (in litt. 2020)
    Santa Fe Rincón de Ávila, La Capital Nido con ave incubando De la Peña (inéd. 2017)
    Santa Fe Ruta 62, oeste de Cayastá, Garay Nido con adulto incubando (10-II-2020) De la Peña (inéd. 2020)

     

  • Chajá | Descripción


    © Nick Athanas. Chauna torquata. Santa Isobel, Mato Grosso, Brasil. Julio 2014. Algunos derechos reservados

    Es un ave de gran tamaño, comparable a un pavo, con una longitud de 85–95 cm y un peso promedio de 3.985 g (de la Peña, 2025:86). Se caracteriza por presentar una cabeza grande con copete o cresta de color gris pizarra oscuro. El cuello es gris y está rodeado en su base por un collar negro, precedido por un anillo o banda blanquecina de plumón; algunos autores también mencionan la presencia de una región desnuda alrededor del cuello, no siempre visible (Sick, 1997:242; Castellanos, 1931:387; Lucero, 2020:26).
    El iris es pardo oscuro, mientras que la región periocular desnuda y el área implume de la cara son de color rojo con tonalidades rosadas. El pico es negro, corto y robusto, con una longitud aproximada de 4,5 cm, y el lorum se encuentra desnudo (Castellanos, 1931:387; Sick, 1997:242; Lucero, 2020:26).
    La coloración general del cuerpo es grisácea o marrón grisáceo oscuro. El dorso es gris oscuro o pizarra, con reflejos acerados, mientras que el pecho presenta tonalidades grises con las plumas bordeadas de blanco. El abdomen es gris claro a blanquecino (Castellanos, 1931:387; Sick, 1997:242; Lucero, 2020:26).
    Las alas poseen remeras primarias y secundarias de color pardo oscuro a negro, con cubiertas gris oscuro cuyos bordes son blanquecinos. La superficie superior de las alas es predominantemente negra, pero exhibe una extensa área blanca visible durante el vuelo. Ventralmente, las cubiertas alares y la base de las primarias son blancas, dando a la superficie inferior del ala una apariencia completamente blanca (Sick, 1997:242; Castellanos, 1931:387; Lucero, 2020:26).
    Un rasgo distintivo de la especie es la presencia de dos espolones metacarpianos en cada ala, de color rojizo o anaranjado; el espolón principal alcanza una longitud similar a la del pico, mientras que el segundo es considerablemente menor (Castellanos, 1931:387; Sick, 1997:242; Lucero, 2020:26).
    La cola es relativamente corta, de aproximadamente 20 cm de longitud, con timoneras de color pardo oscuro u oscuro uniforme (Castellanos, 1931:387; Sick, 1997:242). Las patas son robustas, rojas, rosadas o rojo anaranjadas, con aproximadamente un tercio de las tibias desnudas y uñas negras (Castellanos, 1931:387; Sick, 1997:242; Lucero, 2020:26).
    Plumaje juvenil
    Los pichones están cubiertos por un plumón suave, fino y denso, de color amarillo con un ligero tinte verdoso. La región ventral es más pálida, mientras que la dorsal presenta tonalidades parduscas. La cabeza es amarillo ocrácea y el pico plomizo. Presentan iris pardos y patas rojo anaranjadas (Lucero, 2020:26).

    (Rand, 1954:127; Blake, 1977:211; Belton, 1984:477; Carboneras, 1992:534; Brady, 2020; de la Peña, 2025:86)

  • Chajá | Taxonomía


    Monotípica (Carboneras, 1992:534; Brady, 2020; del Hoyo, 2020:69)
    El fósil más antiguo data del Pleistoceno y fue encontrado en Argentina; el fósil tiene aproximadamente 20.000 años de antigüedad (Carboneras 1992:528).
    Es muy similar a la Northern Screamer (Chauna chavaria), pero el cuello de la Chauna torquata es casi enteramente negro, y tiene la garganta y los lados de la cara blancos en contraste. Las dos especies no se solapan geográficamente.