Sirirí colorado | Comportamiento


El Sirirí colorado es una especie predominantemente sedentaria, aunque puede realizar desplazamientos estacionales relacionados con la disponibilidad de agua y alimento. En Estados Unidos, las poblaciones de las regiones septentrionales de su distribución son migratorias, mientras que en Florida una proporción importante de la población reproductora puede ser residente. Fuera de esta región, los movimientos parecen ser principalmente locales (Antas et al., 1996:514; Hohman & Lee, 2020).

Aunque es menos terrestre que Dendrocygna autumnalis y D. viduata, presenta una locomoción terrestre eficiente, con capacidad para caminar, correr y saltar, incluso en ambientes de vegetación densa de 1–1,5 m de altura. A diferencia de otras especies del género que utilizan cavidades para nidificar, el D. bicolor no suele posarse en estructuras elevadas (Rylander & Bolen, 1974:81). Su vuelo se caracteriza por un batido de alas lento y una apariencia relativamente pesada; las bandadas suelen desplazarse a baja altura y muestran una organización menos definida que la observada en otros grupos de aves acuáticas. No obstante, los individuos pueden despegar rápidamente desde tierra o aguas bajas y realizan aterrizajes con el cuello y la cabeza extendidos hacia abajo y las patas proyectadas hacia delante. Durante la reproducción son frecuentes los vuelos de persecución de tres o más individuos, aparentemente integrados por una hembra y varios machos (Rylander & Bolen, 1974:81).

Posee además una marcada capacidad de buceo. Tanto adultos como juveniles han sido descritos como excelentes buceadores, aunque todavía existe información limitada acerca de la frecuencia, duración y profundidad de las inmersiones (Rylander & Bolen, 1974:81). Entre las conductas de mantenimiento se incluyen el baño, el acicalamiento del plumaje, el rascado de la cabeza, el estiramiento. Durante el descanso, puede mantener el pico bajo las plumas escapulares o dirigido hacia delante, apoyándolo sobre el pecho. En ambientes agrícolas suele descansar fuera del agua o en sectores de escasa profundidad (Hohman & Lee, 2020).

Su actividad comprende tanto el periodo diurno como el nocturno, aunque la observación resulta dificultosa debido a su asociación con vegetación acuática densa. En Assam, noreste de la India, los estudios sobre presupuesto de actividad mostraron que la proporción del tiempo diurno destinada a la alimentación osciló entre el 8 y el 21 % (Das et al., 2011:2265).
Es una especie relativamente ruidosa y puede mostrar conductas agresivas. La vocalización característica de ambos sexos es un silbido fuerte, descrito como «wa-kew», que también puede emitirse durante el vuelo. Los movimientos laterales de la cabeza funcionan como señal previa al despegue, mientras que la postura de amenaza más habitual consiste en llevar la cabeza hacia atrás. La posición de amenaza con la cabeza baja y dirigida hacia delante es menos frecuente, y no se ha documentado de manera habitual el mordisqueo mutuo, lo que coincide con la caracterización de la especie como relativamente poco social (Johnsgard, 1975:17).

Las interacciones agonísticas presentan semejanzas con las de los gansos y comprenden diferentes niveles de intensidad, desde las posturas de amenaza hasta la persecución y el enfrentamiento físico (Johnsgard, 1965:17). En los conflictos más intensos pueden producirse mordiscos, golpes con el pico, arañazos y batidos de alas. Durante la amenaza con la cabeza baja y hacia delante suelen erizarse las plumas occipitales y puede emitirse la vocalización “kee” (Johnsgard, 1965:17).

El comportamiento sexual se caracteriza por la escasez de exhibiciones de cortejo notables. Johnsgard (1975:17) señaló que no se había descrito de manera concluyente una conducta de cortejo en esta especie y consideró que la cópula probablemente no constituye un componente fundamental de la formación de pareja, dado que se concentra principalmente en el periodo inmediatamente anterior a la nidificación. De manera ocasional se ha observado a un posible macho nadando delante de otra ave en una postura semejante a la exhibición «altiva» de los gansos, aunque su función como conducta de cortejo no ha podido confirmarse (Johnsgard, 1975:17).

La especie presenta un sistema de apareamiento descrito como “monogamia de por vida”, con parejas capaces de permanecer unidas durante varias temporadas reproductivas, de manera semejante a los gansos y cisnes (Kear, 2005:19). La evidencia disponible indica que las parejas previamente establecidas pueden reunirse rápidamente y que también pueden formarse nuevos vínculos después de la llegada a las áreas de reproducción. En este contexto, los vuelos de persecución protagonizados por varios machos y una hembra fueron interpretados por Meanley & Meanley (1959:37) como una posible evidencia de formación de parejas en las propias zonas de cría.

La cópula se desarrolla exclusivamente en el agua y está precedida por una interacción relativamente breve y discreta. Según Finn (1919:262), Meanley & Meanley (1958:96) y Johnsgard (1975:17), el comportamiento precopulatorio comprende la inmersión mutua de la cabeza o del pico, conducta posiblemente derivada de movimientos de baño, tras la cual el macho monta repentinamente. Hohman & Lee (2020) señalan además que la cópula suele estar precedida por una sesión prolongada de alimentación en la que ambos miembros permanecen próximos.

Después de la cópula tiene lugar una elaborada exhibición postcopulatoria denominada “Step-Dance”. Ambos individuos permanecen juntos y orientados generalmente en la misma dirección, elevan el cuerpo y realizan movimientos coordinados sobre el agua, con el pecho hinchado, el pico apoyado contra la parte inferior del cuello y el ala situada en el lado opuesto a la pareja parcialmente extendida sobre el dorso (Meanley & Meanley, 1958:96). Inmediatamente después pueden producirse vocalizaciones intensas y movimientos laterales entre los miembros de la pareja. La secuencia concluye habitualmente con baño y acicalamiento prolongado, y ocasionalmente con aleteo (Johnsgard, 1975:20; Hohman & Lee, 2020).

VOCALIZACIONES

Las vocalizaciones de D. bicolor están insuficientemente descritastanto en adultos como juveniles (Hohman & Lee, 2020). En los individuos de plumón se ha señalado un comportamiento vocal ruidoso, caracterizado por una llamada de cuatro sílabas, de timbre ligeramente metálico, emitida con rapidez y de forma reiterada hasta producir un parloteo casi continuo. También se registran chillidos y silbidos intermitentes semejantes a los de los adultos, así como un silbido suave, prolongado y descendente, precedido por una o más notas disilábicas, que se produce desde una postura erguida. Los silbidos persistentes pueden estar asociados con situaciones de alarma (Hohman & Lee, 2020).

En los adultos, la especie es considerada ruidosa tanto durante el día como durante la noche (Palmer, 1976:18; Palmer, 1976; Clark, 1978a; WLH). La vocalización característica consiste en un silbido agudo, generalmente bisilábico y con énfasis en la segunda sílaba, transcrito como «pit-tu», «kit-tee» o «pee-chee». Esta llamada puede emitirse tanto en vuelo como desde el suelo y, según las observaciones de ejemplares cautivos, presenta un tono ligeramente más agudo. Cuando el individuo se encuentra posado, suele extender completamente el cuello, elevar la cabeza y orientar el pico verticalmente, repitiendo este movimiento con cada emisión. Con frecuencia, el silbido bisilábico es seguido por una serie de notas muy breves y agudas. La vocalización parece desempeñar diversas funciones, entre ellas la reunión de individuos, por ejemplo, como preludio al vuelo grupal, el saludo y la alarma; asimismo, puede producirse durante la alimentación y la preparación para el descanso (Palmer, 1976:18; Palmer, 1976; Clark, 1978a; WLH).

La llamada de reconocimiento o contacto consiste en un parloteo suave de cuatro sílabas, transcrito como «cup-cup-cup-cup». Es una vocalización de escasa capacidad de propagación, empleada principalmente por individuos en el suelo ante estados de leve excitación o como respuesta amistosa a la presencia de un congénere reconocido. Su tono, frecuencia, volumen y duración son variables y parecen depender del estado emocional del emisor; en cautiverio se ha observado incluso un intercambio de tipo conversacional mediante esta llamada y sus variaciones (Palmer, 1976:18; Palmer, 1976; Hohman & Lee, 2020).

Entre las vocalizaciones adicionales se encuentra una nota áspera, «kee», que puede repetirse rápidamente más de cuatro veces durante interacciones de carácter hostil. También se ha descrito un llanto suave y prolongado, frecuentemente repetido, que probablemente se relaciona con el cortejo (Palmer, 1976:18; Palmer, 1976). A diferencia de otras anátidas, D. bicolor no produce un graznido típico (Palmer, 1976:18).

Sick (1997:234) destaca que la voz de la especie difiere notablemente de la de sus congéneres y la caracteriza por un timbre nasal peculiar, transcrito como «gse-gsãa» y «tzí-biã«.

 

ALIMENTACIÓN

El Sirirí colorado presenta marcadas características morfológicas adaptadas a la alimentación acuática. Entre ellas destacan maxilares ensanchados en su porción distal, una uña apical del pico muy desarrollada, láminas maxilares de mayor longitud, altura y densidad, un aparato hioideo de dimensiones superiores y una cavidad maxilar expansiva (Rylander & Bolen, 1974:94). Asimismo, posee extremidades posteriores comparativamente grandes, lo que denota hábitos marcadamente más acuáticos que sus congéneres, sumado a que tanto adultos como juveniles son buceadores consumados (Bolen & Rylander, 1974:94).
El forrajeo se realiza de manera individual, en parejas o en pequeños grupos de 10 a 40 individuos, aunque con frecuencia se congrega en bandadas de cientos o miles de ejemplares, asociándose con especies simpátricas como D. viduata y D. autumnalis (Kear, 2005:19). La actividad alimentaria ocurre preferentemente en el agua mientras el ave camina por el vado o nada, explotando zonas con profundidades generalmente menores a 0.5 metros, tales como bordes de vegetación emergente inundada, áreas de rastrojos de arroz, vegetación de tierras húmedas y macrófitas flotantes o sumergidas (Meanley & Meanley, 1959:41). Adicionalmente, se ha registrado su alimentación en tierras altas sobre residuos de maíz (Zea mays) (Hohmans, 1996:141). Cronológicamente, la alimentación es más intensa por la mañana (06:00-10:00 h) y a finales de la tarde (16:30-18:30 h), existiendo además una marcada actividad nocturna en campos de arroz como respuesta a que los agricultores los ahuyentan (Dallmeier, 1991:266), sin que se evidencien variaciones dietarias intradiarias (Hohman et al., 1996:141).
La dieta de la especie es predominantemente granívora, con un rango de tamaño de semillas que oscila entre <0.1 mm (oogonios de Chara sp.) y aproximadamente 5 mm (arroz) (Hohman & Lee, 2020; Hohman et al., 1996).
A excepción de los patitos, el consumo de materia animal es marginal en comparación con otras aves acuáticas simpátricas de tamaño mediano (Hohman et al., 1996:141). Cuando ocurre, la ingesta animal es de carácter bentónico e incluye organismos de los phyla Annelida (Oligochaeta) y Mollusca (Gastropoda y Pelecypoda) (Hohman et al., 1996).
En el área del río Paraná, los registros históricos sobre la alimentación de D. bicolor han sido de carácter general y con escasa descripción taxonómica. Autores previos mencionaron un espectro compuesto por semillas, granos, plantas acuáticas e invertebrados como insectos, larvas, moluscos y vermes (De la Peña, 1976, 1983; Dabbene, 1972; Navas, 1977). Navas (1977) especificó el consumo de materia vegetal tanto en ambientes acuáticos como en suelo firme.
Estudios específicos determinaron que el componente vegetal más relevante en esta región corresponde a las semillas de Polygonum spp. y gramíneas del género Paspalum sp., seguidas por aportes significativamente menores de Solanum glaucophryllum y Muehlenbeckia sagittifolia (Mosso & Beltzer, 1991:3). En dicha investigación se reportó una ausencia total de elementos de origen animal en la dieta,
dada la naturaleza perenne de las especies vegetales consumidas (Mosso & Beltzer, 1991:3).

Tabla Componentes en la Dieta de Dendrocygna bicolor (Hohman et al., 1996:141).

REPRODUCCIÓN

El momento de formación de la pareja no se conoce con precisión. En el suroeste de Luisiana, coincide con la llegada de pequeñas bandadas (<50 aves), entre principios de marzo y mediados de abril; posteriormente, las aves comienzan a dispersarse y se hacen evidentes los vuelos de persecución y las parejas (Hohman & Lee, 2020; Belton, 1984:461). En Texas llegan hacia mediados de febrero y en California hacia mediados de marzo (Oberholser, 1974:151).

Durante el período previo a la nidificación pueden observarse grupos de 2–4 individuos realizando vuelos con numerosos giros, vueltas y fuertes balanceos laterales. También se han descrito exhibiciones terrestres de saludo y persecución. En estas últimas, un individuo se aproxima con la cabeza y el cuello erguidos, infla el pecho, adopta parcialmente la forma de S con el cuello, vocaliza y finalmente simula alimentarse. Estos comportamientos podrían intervenir en la formación del vínculo de pareja. Se ha sugerido que este vínculo podría ser monógamo y de larga duración (Palmer, 1976:22/23).

La cópula suele producirse en el agua. Después de breves inmersiones mutuas de la cabeza, el macho se monta durante un corto período. A continuación, ambos individuos vocalizan y realizan una exhibición conjunta en la que elevan el cuerpo, mantienen el cuello en forma de S y levantan el ala opuesta a la pareja, comportamiento denominado “Step-dance” y descrito por Meanley & Meanley (1958:96), Johnsgard (1965:18 -ver Fig 2), y Palmer (1976:22/23).
Los períodos reproductivos varían según la región. Los nidos se inician en Texas entre mayo y mediados de septiembre; en Florida, entre mayo y principios de septiembre; en Cuba, entre abril y agosto; y en California, desde fines de abril hasta mediados de julio (Bent, 1925:272; Oberholser, 1974:151; Palmer, 1976:22; Acosta Cruz et al., 1989, en Hohman & Lee 2020 y Wyss, 1996). En Argentina se registraron nidos y/o pichones en las provincias de Santiago del Estero, Córdoba, La Pampa, Santa Fe y Buenos Aires entre septiembre y marzo (de la Peña, 2025:95). En el Neotrópico y África, la nidificación coincide en gran medida con la estación húmeda (Kear, 2005:19).

Antes de la puesta, las parejas realizan vuelos exploratorios bajos y circulares sobre la vegetación emergente inundada, aterrizando en sectores densos o pequeñas aberturas para evaluar los posibles sitios de nidificación. Estas prospecciones se realizan principalmente a primera hora de la mañana.

El nido se construye principalmente entre vegetación herbácea densa, ya sea emergente, flotante o inundada. En ambientes arroceros existe una marcada preferencia por campos con abundante vegetación natural frente a monocultivos desprovistos de malezas (Meanley & Meanley, 1959:37). En otros ambientes se han registrado nidos asociados a «Paspalum», «Scirpus», «Leersia», «Aster spinosus», «Typha», «Phragmites» y «Echinodorus» (Dickey & Van Rossem, 1923:5), así como sobre esteras flotantes de «Eichhornia crassipes» en El Salvador (Gómez Ventura & de Mendoza, 1982). En el suroeste de Luisiana, la especie también nidifica en campos de cereales, pastizales, henares y campos antiguos que conservan una cobertura herbácea abundante.

La estructura consiste en una plataforma o cuenco simple y frágil, elaborado principalmente con hojas, tallos y plantas arrancadas de las inmediaciones (Kear, 2005:19). En los arrozales, el arroz constituye el material predominante y puede incorporar hojas, plantas arrancadas y, en las nidadas tardías, espigas inmaduras. En California, además, se emplean hierbas, juncos (Scirpus) y espadañas. Durante los primeros días de la puesta, la estructura permanece relativamente débil y la copa se consolida progresivamente; posteriormente, el nido puede desarrollar un dosel parcial o completo y, en algunos casos, una rampa de acceso. No se incorpora plumón a su construcción. Asimismo, las variaciones del nivel del agua hacen necesario su mantenimiento durante la incubación, pudiendo ser elevado conforme aumenta la profundidad de inundación (Kear, 2005:19; Palmer, 1976:22/23).

En Argentina, la descripción aportada por de la Peña (2025:95) coincide con esta caracterización general: “En el suelo, entre pastos. Oculto. Poco elaborado. Plataforma plana, con base de pastos”.
Los supuestos casos de nidificación en cavidades señalados por Bent (Bent, 1925:275) probablemente se deben a identificaciones erróneas (Rylander & Bolen, 1970:79).

Los huevos son ovalados, de color blanco a blanco-beige, con cáscara lisa o brillante y diminutas picaduras. Se ponen probablemente entre la salida del sol y las 12:00, a razón de un huevo por día.

El tamaño de puesta varía geográficamente. En el suroeste de Luisiana (1991–1993) fue de 2–44 huevos en nidos terrestres y de 3–31 en nidos sobre el agua; en Texas, de 6–16; en el sur de África, de 6–13; en Cuba, de 8–13; y en El Salvador, de 6–22 (Gómez Ventura & Mendoza 1982; Acosta Cruz et al. 1989). Las nidadas producto de puesta comunal pueden alcanzar 21, 23 e incluso 62 huevos (Kear, 2005:19)
En Argentina la puesta es de 16 huevos o más y nidifican entre pasto (de la Peña, 1987:36; de la Peña, 2025:95).

La incubación comienza una vez finalizada la puesta. El adulto permanece toda la noche en el nido el día en que se deposita el último huevo. Los machos pueden permanecer en el nido al mediodía después de la puesta de 4–5 huevos y también participan en la incubación, que es compartida de manera aproximadamente equitativa entre ambos sexos (Meanley & Meanley, 1959:6; Flickinger, 1975:106). La presencia del macho durante la puesta podría contribuir a mantener la viabilidad de los huevos mediante el sombreado y a proteger el nido.

El período mínimo de incubación es de 24–25 días, aunque puede prolongarse por el parasitismo de los nidos (Meanley & Meanley, 1959:37). La eclosión es sincronizada y ocurre entre 24 y 48 horas después del inicio del picoteo.

Los polluelos son precociales y nidífugos, nacen completamente cubiertos de plumón y, por lo general, abandonan el nido al día siguiente de la eclosión. Aunque son capaces de alimentarse por sí mismos, ambos progenitores participan en su cuidado parental (Palmer, 1976:22/23). Según Navas (1977), el plumaje del pichón es pardo grisáceo muy pálido en las partes superiores y blancuzco, casi blanco, en las inferiores. El occipucio presenta una banda blancuzca, acompañada de otra mancha de la misma coloración en el lorum. El pico y las patas son de color gris plomizo.
Salvador et al. (2017) registraron un peso medio de 44 g, con un rango de 41–47 g.

Durante los primeros días, los adultos pueden permanecer con las crías o regresar al lugar del nido para empollarlas. La nidada permanece con los progenitores hasta alcanzar el desarrollo del vuelo, aproximadamente a los 63 días, y posiblemente durante más tiempo. Los jóvenes de nidos sobre el agua permanecen cerca del sitio mientras este continúa inundado; los procedentes de nidos terrestres pueden desplazarse hasta 400 m hacia zonas de alimentación inundadas, especialmente cuando los arrozales se desecan.
Los polluelos pueden bucear desde las 48 horas de vida, aunque inicialmente se alimentan principalmente en la superficie.

En Luisiana, solo 3 de 10 nidos estudiados tuvieron éxito. Se consideró que correspondían a primeras nidadas, potencialmente más vulnerables a la depredación. Las pérdidas se atribuyeron principalmente a la acción humana y también a mapaches, zarigüeyas, zorrillos y condiciones climáticas severas (Palmer, 1976:22/23).

Registros de nidificación en Argentina 

Depredación
Entre los principales depredadores potenciales de los adultos durante la reproducción en EEUU se encuentran el zorro común (Vulpes vulpes), el lince rojo (Felis rufus), el mapache norteño (Procyon lotor), el aguilucho pálido (Circus cyaneus), el búho cornudo o Ñacurutú en Argentina (Bubo virginianus) y el visón (Mustela vison) (Meanley & Meanley, 1959:40). En el suroeste de Luisiana, los principales depredadores de huevos incluyen la garza nocturna o encapuchada (Nyctanassa violacea) y otras aves zancudas, además de serpientes, visones, mapaches norteños, zarigüeyas, mofetas rayadas (Mephitis mephitis) y perros domésticos (Canis familiaris).
La especie presenta diversas estrategias frente al riesgo de depredación. Cuando son perturbados en el nido, los adultos pueden defecar ocasionalmente sobre los huevos. Tanto los adultos como los juveniles suelen refugiarse en vegetación densa; sin embargo, cuando se encuentran en aguas abiertas, los adultos pueden realizar conductas de distracción, como fingir estar heridos mediante el batido de las alas sobre la superficie del agua mientras se alejan del área de peligro (Ruwet, 1963). Los adultos expulsados del nido también pueden efectuar vuelos bajos y erráticos, con las patas extendidas hacia abajo, rozando en ocasiones la parte superior de la vegetación. Durante estas maniobras suelen permanecer cerca del área perturbada, a veces acompañados por sus parejas u otros individuos reproductores de las proximidades, y realizan vuelos circulares mientras emiten un silbido característico de dos sílabas (kit-tee).
Ante la presencia de depredadores aéreos, tanto adultos como juveniles responden mediante inmersiones rápidas y repetidas, buscando refugio entre la vegetación emergente inundada.