Es una especie gregaria que forma grandes bandadas, en ocasiones junto al sirirí colorado, y puede congregarse en grupos de varios miles de individuos fuera de la época reproductiva (de la Peña, 2015: 111; de la Peña, 2025: 99; BirdLife International, 2024). Durante el día dedica gran parte del tiempo a la vigilancia, el descanso y las actividades de mantenimiento del plumaje, y muestra una marcada sensibilidad ante posibles depredadores y perturbaciones (Roux et al., 1978, citado en Gauthier-Clerc et al., 1994: 759). Ante situaciones de alarma, adopta una postura erguida y permanece inmóvil, observando atentamente, o salta repentinamente en el aire (Hilty, 2010: 195).
Presenta comportamientos característicos de descanso, con posturas en las que mantiene el pico orientado hacia atrás, bajo las escapulares, o la cabeza erguida y el pico dirigido hacia delante mientras flota (Gauthier-Clerc et al., 1994: 759). También realiza exhibiciones colectivas en el agua, consistentes en saltos y zambullidas verticales bruscas que pueden sincronizarse entre numerosos individuos (Belton, 1984: 464).
Su actividad alimentaria es principalmente nocturna, aunque también se alimenta durante el día en invierno. Busca alimento vadeando, nadando o buceando en aguas poco profundas y suele desplazarse por la noche hacia las zonas de alimentación. Rara vez se posa en los árboles y, en respuesta a cambios en la disponibilidad de agua y alimento, efectúa desplazamientos nómadas locales, generalmente inferiores a 500 km (Hilty, 2010: 195; del Hoyo et al., 1992: 576; Madge & Burn, 1988: 130; Johnsgard, 1978, citado en BirdLife International, 2024).
La reproducción comienza al inicio de la temporada local de lluvias. Nidifica de forma solitaria o en colonias dispersas y grupos pequeños. Tras la reproducción, los adultos experimentan una muda que les impide volar durante aproximadamente 18–25 días, periodo en el que buscan refugio en humedales con vegetación densa para reducir su vulnerabilidad (del Hoyo et al., 1992: 576; Langrand, 1990; Hockey et al., 2005; Kear, 2005a, citados en BirdLife International, 2024).
VOCALIZACIONES
La vocalización característica consiste en un silbido agudo, sibilante y trisilábico, transcrito como «see-see-sEEEEu» o «swee-swee-sweeoo», con la última sílaba más prolongada y ligeramente descendente al final. Esta llamada, de aproximadamente 1,5–2 segundos de duración, se emite frecuentemente durante el vuelo y mientras el ave se alimenta, y puede repetirse de forma continua tras breves pausas, a menudo en coro (Belton, 1984: 464; Hilty, 2010: 195; Carboneras & Kirwan, 2024). También produce una vocalización rápida y estridente, descrita como «WEE-te-de», así como un silbido corto, menos agudo («wheep»), y una nota prolongada («wheee») asociada a situaciones de alarma, por ejemplo, cuando el ave es molestada en el nido con polluelos. Se han señalado posibles diferencias vocales entre sexos (Belton, 1984: 464; Hilty, 2010: 195; Carboneras & Kirwan, 2024).
ALIMENTACIÓN
La dieta de Dendrocygna viduata es variada y predominantemente vegetal, aunque también incluye una proporción importante de invertebrados acuáticos y terrestres. Entre los recursos vegetales que consume se encuentran semillas de gramíneas y otras plantas herbáceas, arroz, frutos, tubérculos y vegetación acuática; entre los recursos de origen animal se han registrado moluscos, crustáceos e insectos. Asimismo, se ha señalado el consumo de estatoblastos y larvas de lepidópteros, así como la presencia de arena y algas asociadas a su alimentación (Beltzer & Mosso, 1988; Hilty, 2010:195; Salvador & Salvador, en De la Peña & Salvador, 2010; Carboneras & Kirwan, 2024; BirdLife International, 2024).
La composición de la dieta varía en función de la disponibilidad de recursos y de las condiciones estacionales. Según Hilty (2010:195), durante la estación seca la especie consume principalmente semillas de hierbas, mientras que en la estación lluviosa incorpora una mayor proporción de tubérculos e insectos. No obstante, también se ha descrito una variación estacional en la que predominan los tubérculos durante la estación seca y aumentan las semillas y los invertebrados acuáticos durante la estación húmeda. Estas diferencias podrían responder a los cambios en la disponibilidad de alimento y a las necesidades nutricionales asociadas al ciclo reproductivo (Kear, 2005; BirdLife International, 2024). Las especies vegetales más frecuentes en su dieta, incluidas las consumidas en forma de semillas y tubérculos, se recogen en la tabla siguiente según los autores: (Beltzer & Mosso, 1988; Rozzatti et al., 1995:77; Dowsett-Lemaire & Dowsett, 2006:117; Kear, 2005; Safford & Hawkins, 2013; Hockey et al., 2005, en Carboneras & Kirwan, 2024; Beltzer & Mosso, 1992:38; Hilty, 2010:195; Carboneras & Kirwan, 2024); Birdlife International, 2024; Salvador en De la Peña & Salvador, 2010; Salvador et al., 2017).

En el norte de Argentina se identificaron 17 especies en la dieta, 15 vegetales y dos animales; las semillas de Sporobolus sp., Scirpus californicus, Kochia scoparia y Juncus densiflorus fueron las más importantes (Rozzatti et al., 1995:77).
En Venezuela, se ha señalado un consumo menor de arroz cultivado que en otros patos silbadores, con preferencia por semillas de Oryza perennis y Cyperus rotundus, especies frecuentes en los arrozales (Kear, 2005; Carboneras & Kirwan, 2024).
REPRODUCCIÓN
La reproducción comienza al inicio de la temporada de lluvias y alcanza su máximo cuando las inundaciones son más extensas. El periodo reproductivo varía geográficamente: en Venezuela se extiende de abril a septiembre, con un máximo entre julio y septiembre; en distintas regiones de África y Madagascar, las fechas varían según las condiciones locales, desde finales de mayo hasta octubre en Ghana y entre septiembre y mayo en Sudáfrica, entre otros periodos registrados (Belton, 1984: 464; Hilty, 2010: 195; Carboneras & Kirwan, 2024). Es una especie monógama, cuyos vínculos de pareja podrían mantenerse durante toda la vida. Nidifica en parejas, colonias dispersas o grupos pequeños, generalmente en el suelo, entre hierbas altas o cañaverales, aunque también puede establecer nidos sobre el agua o a cierta distancia de ella. Los nidos, construidos con hojas y tallos de la vegetación circundante, miden aproximadamente 16–18 cm de diámetro y 5 cm de profundidad, y presentan poco o ningún plumón (Tarboton, 2001; Kear, 2005, citados en Carboneras & Kirwan, 2024).
La puesta comprende habitualmente entre 4 y 13 huevos, aunque excepcionalmente puede alcanzar los 16, de color blanco cremoso o ligeramente rosado. Los huevos se ponen a intervalos aproximados de 24 horas, y se han registrado nidos con puestas de varias hembras. La incubación dura entre 26 y 31 días y es realizada por ambos sexos, posiblemente con una mayor participación del macho (Belton, 1984: 464; Hilty, 2010: 195; Carboneras & Kirwan, 2024). En Brasil, se han observado eclosiones en febrero y adultos acompañados de crías durante marzo y abril (Belton, 1984: 464).
Los polluelos abandonan el nido aproximadamente dos días después de la eclosión y realizan sus primeros vuelos entre los 60 y 83 días de edad. Las familias pueden permanecer agrupadas hasta bien entrada la temporada no reproductiva (Kear, 2005; Safford et al., 2013, citados en Carboneras & Kirwan, 2024). La especie puede reproducirse desde el primer año de vida, aunque se dispone de escasa información sobre el éxito reproductivo, la supervivencia adulta y la longevidad. Los huevos y los polluelos son vulnerables a la depredación por reptiles, aves y mamíferos, incluido el ser humano, mientras que la supervivencia juvenil parece favorecerse en años con precipitaciones abundantes (Kear, 2005, citado en Carboneras & Kirwan, 2024).
Reproducción en Argentina
La reproducción de la especie en Argentina se registra principalmente entre agosto y abril, aunque el periodo puede variar regionalmente. Nidifica en pastizales naturales, gramillares, alfalfares y cultivos, generalmente en el suelo y, con frecuencia, a varios kilómetros de los cuerpos de agua. Los nidos son poco elaborados, consisten en una depresión de aproximadamente 25 cm de diámetro y suelen estar ocultos entre matas de gramíneas, tréboles, alfalfa u otra vegetación; los huevos se depositan directamente sobre el suelo, a veces sobre una base de pastos secos (de la Peña, 2013: 26; Salvador, 2012: 12; Salvador et al., 2017: 17; de la Peña, 2025:100/111).
Las puestas comprenden generalmente entre 8 y 14 huevos, aunque pueden alcanzar los 15–16. Estos son ovoidales, de color blanco cremoso o blanco ocráceo. En Córdoba, se registró un promedio de 11,2 ± 2,31 huevos por nido. La incubación es realizada por la hembra, mientras que ambos miembros de la pareja participan en el cuidado de los pichones. Estos presentan una coloración dorsal pardo-olivácea y ventral amarillenta, con franjas amarillas en la cabeza. Se han registrado adultos acompañados de crías entre octubre y abril (Salvador, 2012: 12; de la Peña, 2013: 26; Salvador et al., 2017: 17; de la Peña, 2025: 100).
La información disponible sobre la reproducción continúa siendo relativamente escasa y procede principalmente de observaciones de nidos, huevos y parejas con pichones en distintas provincias (Carboneras, 1992: 554; de la Peña, 2025: 100).
Sitios de nidificación registrados en Argentina
Los registros de adultos acompañados de pichones en Santiago del Estero, Corrientes, Buenos Aires, Córdoba y La Pampa complementan la distribución conocida de la reproducción, aunque no todos corresponden a nidos localizados (de la Peña, 2013: 26; Bustamante, 2014; Salvador, 2016a; Salvador et al., 2017: 17).
